Se llama Venepal. O se llamaba, tras la expropiación y posterior estatización por parte de Hugo Chávez. A Venepal, cuyo nombre ahora es Industria Venezolana Endógena de Papel, la quebraron no una, sino dos veces. El responsable del desastre es uno de sus socios, Juan Calvo, quien de paso, colaboró con su suegro, el boliburgués Leopoldo Castillo Bozo, para robar la herencia de Gilda Castillo, su propia hija.

A Juan Calvo se le conoce en el mundo empresarial por tres cosas. La primera, por haber quebrado Venepal en dos ocasiones. La segunda, por ser el suegro nada menos que de Leopoldo Castillo Bozo, el famoso boliburgués que cometió una estafa multimillonaria usando Banvalor para simular operaciones bursátiles e involucrando a sus trabajadores en negocios que jamás aprobaron. Y la tercera, por haber hecho una jugada al peor estilo de las novelas mexicanas con Castillo Bozo, al combinarse con este para arrebatarle la fortuna a Gilda Castillo, su propia hija, y quien era la esposa de Castillo Bozo.

Venepal quebró en dos ocasiones. El mayor escándalo ocurrió en diciembre de 2014. Los trabajadores de la empresa denunciaron que ” a través de maniobras fraudulentas los empresarios la llevaron al borde de la quiebra y vendieron parte de la maquinaria a la multinacional Smurfit”, según recogió la prensa de la época.

De hecho, en 2005, la Fiscalía imputó a un grupo de banqueros y empresarios “por la comisión de los presuntos delitos de defraudación y actos violatorios de las obligaciones del fiduciario en el caso Papelería Nacional (…) Los hermanos Jorge y Leopoldo Capiello, propietarios de la compañía Papelería La Nacional, crearon un fideicomiso con la compañía Venepal en el Banco de Occidente pero, en forma fraudulenta, el fideicomiso fue adjudicado a acreedores a un precio muy bajo, para luego venderlo al cuádruple de su valor”, según el portal Aporrea.

Entre los acusados, figuraban los directivos de Venepal, Juan Calvo incluido, y el gerente de auditorias de la firma Espiñeira, Sheldon y Asociados, Luis Rincón Rondón, por citar algunos.

Luego vino la estatización por parte del entonces régimen de Hugo Chávez y Venepal terminó llamándose Industria Venezolana Endógena de Papel. Pero la historia de Calvo no terminó allí, puesto que participó como parte de la junta directiva de la empresa socialista con la más absoluta impunidad.

Calvo es suegro de Castillo Bozo. La hija de Calvo, Gilda Castillo, era la heredera de la fortuna de su madre, quien fue declarada misteriosamente con “insania mental” antes de fallecer. El albacea de la herencia, según manifestaron fuentes relacionadas con la familia a esta sala de redacción, era Leopoldo Castillo Bozo; es decir, su marido.

“La alianza entre Castillo Bozo y Juan Calvo, terminó arrebatando la herencia de Gilda Castillo”, señaló otra fuente. Es decir, el padre se combinó con el suegro para robar a su hija.

Tras el desastre de Castillo Bozo tanto en Venezuela como en el exterior, Gilda Castillo, demandó a Bozo en Estados Unidos para exigir ante la justicia la entrega de una residencia ubicada en Manhattan valorada por 15 millones de dólares. “Su intención obvia es liquidar todos los activos de Estados Unidos, dejar a su esposa e hijos indigentes, y continuar la vida con su amante”, dijo la demandante, quien solicitó en 2017 el divorcio luego de que Castillo Bozo dejara de apoyar a sus hijos y huyera con un nuevo amorío.

Fuente: ElCooperante.com