En menos de 48 horas se suponía que el Ejército de Venezuela conmemoraría una de sus más célebres gestas: la victoria sobre España en la Batalla de Carabobo, la que allanara el camino hacia la liberación de Caracas y la Independencia definitiva. En aquel entonces, 1821, Simón Bolívar era su comandante. Sin embargo, Nicolás Maduro decidió cancelar los actos dejando sin algo que celebrar a sus uniformados. El dictador tiene sus propios fantasmas.

Esos fantasmas nacieron hace tiempo, pero se mostraron más corpóreos cuando en la madrugada del 30 de abril militares a la orden del presidente encargado Juan Guaidó excarcelaron a Leopoldo López en la base La Carlota. Debía ser el inicio de la Operación Libertad que depusiera al «usurpador» del Palacio de Miraflores.

Pero ese día el hombre clave de la historia miró hacia otro lado. Vladimir Padrino López, el ministro del Poder Popular para la Defensa del país, no cumplió con su papel. Los Estados Unidos hicieron público el acuerdo al que se había arribado con el general quien desde entonces no hizo más que sobreactuar patriotismo, mantenerse activo casi hasta el ridículo y jurar una y mil veces lealtad al régimen. Gajes de un hombre acostumbrado al zigzagueo de consciencia.

El militar formado en la más pura tradición castrense de Bolívar sabe que enfrenta semanas decisivas para su futuro. No sólo porque el 5 de julio se darán a conocer nuevos ascensos de generales y coroneles -lo cual podría redundar en una nueva estructura que no le responda en su totalidad-, sino porque también ese día podría marcar el final de sus horas como ministro. ¿Qué le deparará el destino? La incógnita también radica sobre quién podría nombrar en su lugar Maduro: ¿algún alto mando posee idéntica ascendencia sobre sus subalternos? La respuesta es simple. No.

Es que Zamuro -tal su nombre en clave durante aquel fallido alzamiento- es quien conoce las debilidades, las miserias y los honores de un Ejército cuya moral está deshojándose. Además, sabe qué militares buscaron refugio en Guaidó porque coinciden en que en Miraflores hay un instrusoPadrino los interpreta sin juzgarlos abiertamente: sabe que la nación está por sobre todo y todos para ellos. Por el contrario, muchos están decepcionados y ya están juzgando a su antiguo comandante. El malhumor y el desencanto crecen.

Para muchos oficiales los actos de este 24 de junio tendrían de todas maneras un sabor agridulce. «¿Hay algo que celebrar?«, se preguntaban algunos este viernes. Un general retirado que aún radica en Caracas explica: «Quienes se fueron con Guaidó aman a su país. Eso no está en discusión. Hablo con ellos. Pero esperan un acto patriótico de su comandante«. Otro que reside en Miami desde hace ya varios años es más directo: «Padrino debería actuar ya. Es el único que tiene en sus manos el destino de nuestro Ejército«. Los uniformados concuerdan en algo: ninguno puede hablar abiertamente. «Si me nombra, sentencio a mis familiares que aún viven en el país, pero mucho más a quienes todavía están en la fuerza«, dice el exiliado en Florida. El caraqueño piensa lo mismo.

Quien no piensa callar es el almirante en el exilio Carlos Molina Tamayo, quien supo formar parte del cuerpo de asesores del Consejo de Seguridad de Defensa durante los primero años de Hugo Chávez. Conoce como pocos las infiltraciones. «La injerencia en las fuerzas armadas venezolanas comienza con la llegada de Chávez al poder, quien era un enamorado de Fidel Castro. Lo veía como su padre, como su mentor y evidentemente lo vio como una buena alianza. Fidel Castro, entonces, comenzó a enviarle asesores«, relata.

«Las Fuerzas Armadas, las fuerzas policiales y los servicios de inteligencia están penetradas totalmente. Los servicios de inteligencia inclusive tienen el control de las notarías donde queda todo registrado. De ellas se saca mucha información de inteligencia para el manejo de las masas y el chantaje a la población civil venezolana«, explica el almirante y añade: «La injerencia es tal que hay muchos cursos de Estado Mayor en Cuba«.

El extremo es tal que los negociados también son digitados desde La Habana. Uno de los tantos ejemplos absurdos: «Se están fabricando y reparando barcos para Venezuela a través de Cuba con un astillero holandésDamen, por medio de su filial Damex Shipbuilding & Engineering Cubauna triangulación para sacar jugosas comisiones. ¿Cuba nos va a enseñar a nosotros a fabricar barcos?«, cuenta Molina Tamayo, herido en su orgullo naval.

Pero no sólo el régimen cubano permanece y crece en territorio venezolano. Rusia y China tienen cada vez mayor injerencia en las fuerzas de defensa del país. El aspecto militar se resume en los intercambios monetarios: «Hay gran venta de armas chinas y rusas y eso implica el enviar asesores militares y técnicos para el mantenimiento del sistema«, explica uno de los miembros principales de la organización Venezuela Freedom Foundation.

Maduro -temeroso de Padrino López y su poder de aunar simpatías- no quiso que los militares rememorasen la Batalla de Carabobo en los cuarteles. El miedo y la desconfianza lo invadió y decidió suspender los actos. ¿Quién le advirtió? ¿Hará lo mismo el próximo 5 de julio Día de la Declaración de la Independencia? Esa jornada se esperan las promociones y ascensos. ¿Diosdado Cabello conseguirá más poder? ¿Cuál será el destino del generalísimo?

«Hoy no hay orgullo. Sólo hay vergüenza«, avisa aquel general desde Miami. «Hay otros países dentro del país«. La referencia es clara. Habla de Cuba, Rusia e Irán. El régimen de La Habana penetró todos los organismos. Rusia asesora militarmente al dictador que platica con aves y lo asiste con tecnología. A cambio, se queda con sus recursos. China ofrece consejos en materia de tecnología; Teherán envía expertos en guerras irregulares.

Un reciente informe de Bloomberg fue contundente: «Rusia exprime a Venezuela« fue el título elegido por la cadena internacional de noticias. Lo hace a través de la petrolera Rosneft, una gran aliada de Vladimir Putin. La empresa estatal rusa y sus proveedores estarán exentos de gravámenes sobre el valor agregado y de aranceles a la importación para desarrollar dos nuevos yacimientos de gas en la plataforma continental del país. El costo por sostener la dictadura es demasiado elevado para el futuro de los venezolanos. El nuevo zar sonríe.

«Para nosotros Venezuela está invadida principalmente por los cubanos comunistas y hay una gran injerencia de Rusia y China por los intereses comerciales que tienen«, retoma Molina Tamayo. «Es un país secuestrado por un grupo de delincuentes y de gangsters e invadido por fuerzas de ocupación cubanas. En otras palabras: un país secuestrado e invadido por un grupo criminal comunista. La intervención militar es lo único que puede rescatarlo. Venezuela es un país secuestrado y los secuestrados no se liberan solos de sus captores…«.

Mientras tanto, una sentencia retumba en la cabeza de Padrino López. Se la repiten varios asesores y confidentes a Zamuro: «Maduro no es la patria«. El generalísimo analiza sus senderos que se bifurcan.

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