“Llegué de Mérida hace dos meses con mi hija, de tres años; aquí me recibió una prima, que es colombiana retornada. Luego del primer mes, la niña empezó a tener fiebre y la llevé a un centro de salud que está en el barrio Puente Barco, donde la atendieron por urgencia. Pasó dos días bien, pero al tercer día la fiebre reapareció mucho más alta, y mi prima me recomendó que la llevara al Hospital Erasmo Meoz, donde entró por urgencias pediátricas”, dice Mayerlin Domínguez, venezolana. Así lo reseña laopinion.com.co

Por Keila Vilchez

A la pequeña en el Meoz le administraron medicamos para bajar la fiebre, le hicieron exámenes de sangre y orina; y finalmente los resultados arrojaron una infección urinaria muy fuerte, que ameritó tratamiento endovenoso y una hospitalización por su delicado estado de salud.

Una paciente infantil que implicó atención en dos centros de salud distintos, con doble recurso económico y humano.

Las cifras en atenciones en salud en todo el departamento suben a diario como la espuma. Solo en los diez procedimientos que más se le hace a la población migrante en los distintos centros de salud regional se han registrado 88.297 atenciones, siendo la consulta de urgencia la de mayor frecuencia.

Sobre esto tiene ya una especialización el gerente del Erasmo Meoz, Juan Agustín Ramírez, quien explicó que el hospital sobrevive con racionalización de gastos, y que a pesar de no estar boyantes, tampoco están en crisis.

Jenny Peña Guerrero, líder de servicios ambulatorios del hospital, enfatizó que en urgencias de adultos cada día son más los venezolanos que vienen a usar los servicios.

“Esta es un área que tiene una capacidad para atender a 75 personas acostadas en cama, y se están manejando entre 140 y 160 personas al día”, dijo.

Señaló que lo anterior colapsa el servicio aumentando el consumo de implementos y recursos humanos; además, que los pacientes que están llegando no viven en Colombia, y vienen solamente a usar los servicios de salud.

Según explicaron los especialistas del hospital, estos pacientes llegan muy enfermos, con patologías muy graves, y condiciones nutricionales deficientes.

Este cuadro clínico hace muy difícil su proceso de recuperación.

“Eso ha hecho que el servicio de urgencias se colapse, y aumente la estancia del paciente inmigrante hospitalizado”, indicó la líder del servicio.

Guerrero señaló que la ley colombiana dice que se pueden atender solamente urgencias vitales, lo que complica la situación, porque si bien es cierto que no tienen esa urgencia, sí llegan al centro hospitalario con enfermedades graves ameritando ser hospitalizados casi que de inmediato.

De hecho la segunda causa de procedimiento para la población inmigrante es el cuidado intrahospitalario por medicina especializada.

Seguido por la interconsulta por medicina especializada. Esto a pesar de que las directrices indican que los venezolanos solo pueden ser atendidos por urgencias.

Sin embargo, las atenciones ameritan de especializaciones, porque generalmente llegan con patologías complicadas.

Deuda

El director del Instituto Departamental de Salud (Ids), Juan Bitar, explicó que el gobierno ha desembolsado tres pagos, a través de tres resoluciones. Uno en 2017 (número 3.673), con el cual cancelaron 2.314 millones de pesos; el año pasado fueron dos (número 394 y 5.869), el primero por 5.993 millones, y el segunda por 3.864 millones.

Esto suma 12.171 millones de pesos; sin embargo, la deuda total es de 55.814 millones de pesos. Esto representa apenas el 21,80 por ciento de la deuda que mantiene el Estado con la salud por atención a inmigrantes venezolanos en el departamento.

De esta deuda, el hospital Erasmo Meoz es el centro de salud que más ha sufrido las consecuencias de esta situación. Desde el 2015 cuando comenzó la crisis migratoria ha facturado 47.896 millones de pesos, de los cuales el gobierno ha cancelado solo 5.831 millones, quedando un saldo pendiente de 42.064 millones de pesos.

El Gobierno nacional ha manifestado en reiteradas oportunidades su preocupación por el tema de la salud de los venezolanos en Colombia, debido a que la capacidad instalada no soporta la alta demanda de pacientes, y por las patologías que pueden convertise en un riesgo para la salud local.