El volumen incluye textos de Diego Manrique, Jordi Soley e Iker Seisdedos

“Digámoslo fríamente: este criollo de Nueva Orleans era más temido que querido entre sus colegas. Bechet tenía mal beber, solía olvidar sus compromisos, recurría a la violencia y se comportaba de forma execrable con las mujeres. Sin embargo, nadie dudará de sus dones musicales”. Este suculento comentario de Diego Manrique aparece en la entrada correspondiente a Sidney Bechet plays Sidney Bechet, uno de los discos que figuran en un libro que recoge los 100 mejores de la edad de oro del jazz. La lista que propone Los 100 mejores discos, una introducción al jazz moderno 1953-1962(Elemental Music Records, 2019) no se limita a la ficha y la información de cada obra, sino que incluye los muy diversos comentarios del propio Manrique, Iker Seisdedos y Jordi Soley, periodistas de acreditados conocimientos musicales los dos primeros, y productor discográfico y antiguo propietario de la tienda barcelonesa Jazz Collectors el tercero.

El libro es un auténtico disfrute en el que se combinan los textos sobre los discos, que se han repartido —con algún forcejeo— y han escrito los tres autores, dejándose llevar apasionadamente por filias y fobias personales, las fichas, las portadas originales y la fascinante reinterpretación gráfica de las mismas, que se ha hecho con fotos de la colección Jazz Images, tomadas por William Claxton, Jean-Pierre Leloir y Francis Wolff.

Ayer se presentó en Barcelona el volumen, un desfile de discos de Chet Baker, John Coltrane, Dizzy Gillespie, Charles Mingus y demás estrellas inolvidables, que incluye un CD con 15 temas. Los escritos huyen de lo canónico para adentrarse en los comentarios apasionados y las anécdotas suculentas. Todos los discos son de ese periodo, entre 1953 y 1962, esa década prodigiosa en la que “parecía que cada minuto alguien llegaba con algo nuevo”, como expresó Soley. Recordó que a partir del 52 la calidad de grabación se hizo ya muy buena y artísticamente entre ese año y el 64 “está el mejor jazz que se ha hecho nunca”, pues en los noventas y en lo que llevamos de siglo XXI, “en jazz, como en pop y rock, está todo dicho”, estableció. Los autores reconocen también que han tenido como límite superior cronológico la fecha a partir de la cual las obras no están libres de derechos, que también es un motivo de peso.

Seisdedos —todo un apellido para escribir de jazz virtuoso— recordó que en la época a la que se circunscriben, el elepé se convirtió en la lengua franca de la producción discográfica. Destacó la obra excepcional de los tres fotógrafos, cuyas imágenes de jazz ha publicado anteriormente la misma editorial en sendos volúmenes, y recalcó el ejercicio que ha sido redactar esos textos que han hecho tratando de aportar algo nuevo. Subrayó que “en el caso de Diego, a nadie sorprenderá su capacidad para contar cosas que no sabes y ni siquiera sabes de dónde las saca”. Seisdedos (1978) rememoró su afición de muy joven al jazz y cómo a los 14 años los veteranos le decían que tenía que esperar a ser mayor y qué cómo diablos le gustaban Thelonious Monk o Charlie Parker cuando lo que le tocaba era Oasis o Suede.

Por Jacinto Antón – El País