Ayer se cumplieron 62 años del lanzamiento de Sputnik, la esfera brillante que inició toda una nueva era de investigación y desarrollo. Exactamente dos años después, el programa espacial soviético lanzó a Luna 3, con la misión de obtener fotografías del lado oscuro de la Luna. En estos días, la calidad de sus imágenes nos hace pensar que fueron obtenidas con un Game Boy, pero fueron revolucionarias para la época, y multiplicaron nuestro interés por los secretos del satélite.

A fines de los años ’50, la Carrera Espacial estaba pintada de rojo. En octubre de 1957 lanzaron a Sputnik. Un mes después enviaron (y mataron) a Laika. En 1959 iniciaron el programa Luna. La sonda Luna 1 fue la primera en ingresar a una órbita heliocéntrica. Luna 2 se convirtió en el primer objeto en impactar con la superficie lunar. Y en octubre de 1959, Luna 3 viajó allá con una cámara. La tecnología de la época nos permitió obtener esto:

El lado oscuro de la Luna

Muy diferente a su lado visible. Casi parecen dos lunas.

No parece mucho, ¿verdad? Sin embargo, consideremos lo siguiente: Para tomar una fotografía, se necesita estabilidad en tres ejes. Luna 3 debía cumplir con esa condición, disparar en forma remota, y transmitir sus resultados a la Tierra… desde el espacio, en 1959. Además, no había fotografía digital disponible. Eso significa que la sonda debió llevar a la Luna su propio mini laboratorio de revelado. Ahora, la pregunta es: ¿Cómo envió las fotos de regreso?

Luna 3 tomó un total de 29 fotografías, cubriendo el 70 por ciento del lado oscuro de la Luna. La sonda debió acercarse lo suficiente a nuestro planeta para iniciar la transmisión. El primer intento se llevó a cabo el 8 de octubre de 1959 (dos días después del flyby), pero su señal era demasiado débil. El proceso se extendió por varios días, y los controladores alcanzaron un éxito parcial el 18 de octubre, recuperando 17 de las 29 fotografías.

El sistema de transmisión estaba basado en un tubo de rayos catódicos (ya sabes, como las viejas TVs) que disparaba su luz a través de las fotografías. Del otro lado, un dispositivo llamado fotomultiplicador se encargaba de registrar los diferentes niveles de brillo y contraste, para transformarlos en una señal eléctrica, enviada de regreso vía frecuencia modulada. En términos relajados, fax sobre radio. Tampoco era un proceso rápido que digamos: Cada cuadro demoraba media hora.

Las diferencias entre la superficie visible de la Luna y su lado oscuro dejaron con la boca abierta a los expertos. La presencia de mares lunares no superaba el 1 por ciento (contra el 31 por ciento del lado más cercano), y la cantidad de impactos visibles era muy superior. Aún se debate el por qué, y por más deficientes que sean las imágenes de Luna 3, nos recuerdan que todavía tenemos mucho por aprender.

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