En tiempos de desinformación, la no-verdad es tan ambiciosa que incluso pretende justificar los fraudes electorales, como el ocurrido en Bolivia el año pasado. “Es una evidencia más del monumental robo que Mesa, Áñez, Camacho y Almagro hicieron a todos los venezolanos”, se ufanó Evo Morales tras hacerse público el último montaje chavista en EEUU.

Por: Daniel Lozano | El Mundo

El blog ‘The Monkey Cage’, alojado en la web del Washington Post, acababa de difundir un informe estadístico intranscendental encargado por el principal lobbyista de Nicolás Maduro en EEUU, Mark Weisbrot, viejo conocido en Venezuela por su relación con Hugo Chávez.

En el informe, realizado por dos técnicos formados en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), se aseguraba que estadísticamente el “apagón” de 23 horas durante el domingo electoral del 20 de octubre no habría afectado la tendencia en favor de Morales, que necesitaba superar el 10% de ventaja para evitar la segunda vuelta. En la noche del domingo, cuando se detuvo el conteo por orden oficialista, el líder aymara superaba a Carlos Mesa por sólo 7,87%.

La inmediata respuesta de laOEA fue concluyente: “El artículo no es honesto, ni está basado en hechos ni está completo. Sobre todo, no es científico. Contiene innumerables falsedades, inexactitudes y omisiones”. Y, sobre todo, se centra solo en una de las múltiples irregularidades encontradas.

La organización, que dirige Luis Almagro, desvela que el artículo ignora los principales descubrimientos de sus técnicos: cambios en las hojas de recuento, falsificación de las firmas de los funcionarios electorales, la existencia de dos servidores ocultos y sin autorización donde se manipularon datos y se falsificaron las hojas de recuento, la falta de cadena de custodia y las inexplicables incoherencias en el número de votos emitido. La Unión Europea, que contó con su propio equipo, “apoyó los hallazgos de la OEA y presentó pruebas de otras irregularidades”.

El objetivo es claro: justificar el fraude electoral probado por la OEA y convertirlo en un “golpe de Estado”, de cara a las elecciones de mayo, donde el Movimiento Al Socialismo (MAS) pretende recuperar el poder.

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