Guaidó vs Noruega

 

Manuel Malaver

 

El regreso al país sin pasaje de retorno de los negociadores que la dictadura y la oposición enviaron a Oslo, Noruega, para iniciar un “acercamiento” que condujera a “algún” acuerdo sobre la crisis nacional, revela que no se trató de una patraña tejida desde Miraflores y grupos opositores preocupados por el liderazgo creciente de Juan Guaidó y el auge del programa que llama la “Hoja de Ruta” (1: Cese de la usurpación.-2) Gobierno de transición y 3) Elecciones libres), sino de una jugada surgida, indudablemente, de la cancillería del país nórdico y de otras cancillerías europeas, entre las cuales, habría que señalar, en primer término, a la española.

En cuanto a quien pudo ser el artífice de la inmiscuencia hispana, nadie más sospechoso que el insumergible, José Luís Rodríguez Zapatero, el cual se hizo representar por un “negociador” de su confianza, el exrector, Vicente Díaz, si bien “marcado” muy de cerca por dos dirigentes opositores de altísima calidad moral y política, como son el exAlcalde de Baruta, Gerardo Blyde (exUNT) y el exministro, Fernando Martínez Móttola, cercano a “Voluntad Popular”.

Quiere decir que, si se trataba de parte de Maduro, Zapatero -y posiblemente del gobierno noruego-de entrar en el laberinto de las “negociaciones” anteriores en que el oficialismo simulaba aceptar algunas de las peticiones opositoras para luego, uno o dos meses después, decir que no se admitía ninguna, y se aprobaba el acuerdo que venía de Miraflores o no se concluía en nada, pues esta vez resultó que los representantes opositores pusieron sus propuestas sobre la mesa y, al no ser aceptadas, regresaron a Caracas.

Golpe de mano que se aleja del estilo de los tres diálogos anteriores (julio del 2014, octubre del 2016 y febrero del 2018) en 180 grados y que encuentra explicación en que ahora la oposición no dejó la calle para ir a dialogar, sino que dialogó sin dejar la calle y manteniendo la agenda con que tomó la ofensiva política a partir del 5 de enero pasado, que no debía “desarmarse” independientemente de lo que pasara en Noruega.

En este contexto, nada más importante a destacar que el liderazgo, la habilidad y la astucia política del Presidente Encargado, Juan Guaidó, quien, sin oponerse ni discrepar de una política, -la del “acercamiento” en Noruega entre dictadura y oposición, que con toda responsabilidad puede afirmarse emergió con la aprobación de dos figuras clave en el proceso que se inició en enero, Henry Ramos Allup y Lepoldo López-, se mantuvo en la calle, continuó profundizando “La hoja de Ruta” y manifestándole al país que la derrota de la dictadura podía venir de cualquier parte, pero con la participación, el protagonismo y la resistencia del pueblo, de la gente.

En otras palabras, del programa que el pueblo venezolano venía cumpliendo desde que lo juramentó como Presidente Encargado e Interino de la República y que, durante tres meses, le dio un vuelco irreversible, indetenible y dirigido al triunfo, cuando, se constituyó el gobierno legítimo, constitucional y paralelo que hace de Maduro un usurpador de la investidura que el pueblo le arrebata día a día.

Y nada mejor para demostrarlo que las jornadas que encabezó el propio Guaidó el fin de semana pasado en Barquisimeto, donde multitudes llegadas desde todos los rinocones del estado se reunieron para expresarle que la pelea estaba en la capital de Lara y en las ciudades y pueblos de toda Venezuela y no en conciliábulos tejidos alrededor del pesisimismo de aquellos que, no quieren entender que seguimos dando una batalla dura que, a veces parece retroceder, pero que es la única que nos reservará la victoria.

Barquisimeto fue ese fin de semana -y sin que nadie se lo propusiera-, la antiNoruega, pero no porque se tenga que desechar toda suerte de contactos, relaciones y hasta diálogos con la dictadura, sino porque es la única política que prospera, a pesar de los errores, y avanza hacia la confrontación definitiva de la cual emergerán la libertad y la democracia.

Que la primera llamada internacional que recibiera Guaidó tan pronto se supo el fracaso del “acercamiento” de Oslo, fuera del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, dice mucho en un momento en que, lo que cabe es no abandonar la calle y estar dispuesto a adelantar iniciativas como aprobar en la AN el reingreso de Venezuela al TIAR, para contar con los aliados necesarios cuando se haga imprescindible cercar al enemigo por todos lo flancos.

Hay que reforzar, también, la presencia del país y su gobierno democrático en la reunión que celebrarán el lunes el “Grupo de Contacto” de la ONU y el “Grupo de Lima” que, otra vez, respaldarán a la democracia venezolana en la conformación de mecanismos de presión de los cuales la dictadura no salga con vida.

Pero por sobre todo, Guaidó, debe cumplir su promesa de mantener “todas las opciones sobre la mesa” y, una vez agotadas todas las salidas pacíficas y electoralistas, como la que se ha gestionado en Noruega, tener el corage de ponerse a la cabeza del país para exigirle a la comunidad democrática internacional que, implemente los mecanismos para imponerle a Maduro el abandono de la usurpación de la presidencia del Poder Ejectuvo de Venezuela “por la fuerza”.

Desde luego que, estamos hablando de una intervención militar extranjera que puede ser emprendida por alguna organización multilateral como la ONU, o la OEA, o si no, por una coalición de países que proceda a unirse a las fuerzas democráticas cívicas y militares del país que lleven a cabo una iniciativa armada que ponga fin a la ocupación de Venezuela por la transnacioanal del marxismo internacional que encabezan Cuba y sus aliados nacionales de la dictadura madurista.

No dudamos que se trata de una operación compleja, que en el mejor de los casos tardará meses en aprobarse e implementarse, e igualmente que, aun con las ventajas que le agregan la participación de las grandes democracias del continente como son las de los Estados Unidos, Argentina y Brasil, pueda comprometer más esfuerzos y tiempo del que se prevé, pero no queda otra opción y el rescate de las garras de la opresión marxista de una sociedad de la región que no puede correr la misma suerte de Cuba, merece los sacrificios que sean necesarios por liberarla.

Tampoco dudo que con relación a una iniciativa histórica y sin precedentes en la historia nacional, el país se encontrará unido, igual que los peligros que la acechan pueden ser impredecibles, pero ya una vez supimos ser libres con la ayuda de países extranjeros como Inglaterra y ahora no será diferente cuando América y Europa nos devuelvan los sacrificios que hicimos en el siglo XIX por sus libertades.