Fra Angelico, jefe de expedición del Renacimiento

El Museo del Prado reivindica en una gran exposición la figura del pintor y fraile dominico

El Renacimiento tuvo mucho de festival de sí mismo. Comenzaba la invención de un mundo nuevo que dejaba atrás el cáñamo de la Edad Media para entrar en un proceso de ruptura de formas, de normas, de protocolos. En aquel momento de mutaciones un extraño artista, entre otros, supo entender que conviene sacar los goznes de sitio para llegar de nuevo a parte alguna.

El Renacimiento tuvo mucho de festival de sí mismo. Comenzaba la invención de un mundo nuevo que dejaba atrás el cáñamo de la Edad Media para entrar en un proceso de ruptura de formas, de normas, de protocolos. En aquel momento de mutaciones un extraño artista, entre otros, supo entender que conviene sacar los goznes de sitio para llegar de nuevo a parte alguna.

‘Funeral de san Antonio Abad’, de Fra Angelico

Aplica en su obra las herramientas que estrena el arte (la perspectiva o el tratamiento más elevado de los cuerpos) y poco a poco va haciéndose el sitio demostrando que el Renacimiento responde a una nueva concepción del alma, a una inédita nostalgia de lo absoluto, a la manera en que lo interpreta George Steiner.

Fra Angelico ingresa en 1418 en el convento dominico de Fiésole y allí empieza a iluminar misales y otros libros religiosos, sofisticando su técnica. Aún se llamaba Guido di Pietro. En 1423 pasa a ser Fra Giovanni. Y de la época previa a tomar los hábitos son dos retablos donde ya asoma su inédito sentido de la proporción y el equilibrio: la Virgen y el Niño de San Petersburgo y Róterdam. Girgio Vassari lo cita en su libro canónico de los maestros, Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos, donde le reconoce un raro y perfecto talento. «Nunca levantó el pincel sin decir una oración ni pintó el crucifijo sin que las lágrimas resbalaran por sus mejillas».

Pero no fue un monje de oración ni un hombre amurallado en el ensimismamiento de la fe. La Anunciación, que el Prado exhibe después de un largo proceso de restauración, delata a un artista conectado con su tiempo, con lo que sucedía en las tumultuosas calles de Florencia y en los talleres de los pintores y escultores que se afincaron en la ciudad con el propósito de pescar en el erizado mar del poder. Datada a mediados de la década de 1420 es el primer altar florentino de estilo renacentista en el que se utiliza la perspectiva para organizar el espacio y en el que las arquerías góticas se abandonan a favor de formas más ortogonales, de acuerdo con las consignas preconizadas por Brunelleschi. Debido a su condición de fraile, su capacidad para manejar la luz, el espacio en perspectiva y la narración se ha visto a menudo eclipsada por sus méritos como pintor teológico.

La virgen de la granada (detalle). Colección Museo del Prado

Este retablo llegó a España en 1611, siendo probablemente la primera pintura suya en abandonar Italia, mientras que la Virgen de la granada fue adquirida por el XIV duque de Alba en 1817, cuando se estaba redescubriendo el valor artístico del primer Renacimiento florentino. (El Prado se hizo con esta pieza en 2016, adquiriéndola a la Casa de Alba). Se entrelazan así en esta exposición dos relatos: Florencia vista por Fra Angelico y Fra Angelico visto con ojos españoles.

«Una de las aportaciones del pintor dominico es la sensibilidad espacial y su capacidad de ensanchar el color, algo que lo convierte en un persona-lísimo artista, muy avanzado», dice Falomir. No es posible entender la espiritualidad de Rothko, por ejemplo, sin lo que éste aprendió de estudiar el trabajo del dominico, su capacidad de dar reflejo de lo invisible y de dotar las tablas de un inquietante sentido de la elevación.

Los pintores de aquellos días del mezzo quatroccento no sólo eran hombres de taller, sino que participaban de las convulsiones de su tiempo: artísticas, técnicas, políticas. Fra Angelico formaba parte de esa escudería. Y quizá pudo pensar que sería bueno para su trabajo la relativa libertad de practicar la pintura amparado por una institución religiosa.

Entre los muros del convento encontró la complicada sencillez de pintar como si el silencio se hiciera visible. Brandon Strehlke asegura, además, que Fra Angelico estuvo influenciado, sobre todo, por los escultores, una tesis que se refleja en las esculturas de Donatello y Brunelleschi que aparecen al inicio de la exposición.

En aquel momento de entusiasmos en que Italia empezaba a recobrar el lugar de gran cantera del arte en el costado mediterráneo, Fra Angelico se aupó discretamente hasta los primeros puestos del nuevo arte renacentista desde la depuración absoluta de sus creaciones. Incluso en aquellas de rumor tumultuoso, como la maestría que desprenden en Cristo Glorificado, donde aparecen más de 100 personajes, otro de los hitos del recorrido de la exposición, que también explora algunos trabajos menos conocidos del pintor como sus tapices.

Gran parte de la pintura del Renacimiento tiene la condición de lo simbólico. El reto, por tanto, es hacer de aquel mapa loco del arte un destilado que permita entender el galope de un tiempo que fue la puerta de entrada a este mundo que dejaba atrás la pelliza medieval. Fra Angelico es parte de esa pértiga, del salto hacia adelante. Algo más que un hombre contemplativo. A su manera exhibe el conflicto de un cambio de recursos, de época, de estética y de intereses. El humanismo planteaba nuevos conflictos científicos y filosóficos. Y Fra Angelico estaba al tanto. Las noticias llegaban al convento, para el que pintó tres retablos y ninguno lo hizo gratis.

Mientras algunos esbirros intentaban detener inútilmente la historia, unos cuantos sujetos que rechazaron los salmos de las tinieblas aproaron el arte hacia el lugar de su resurgimiento. Entre ellos, un fraile dominico que no encontró pecado en la belleza fabricada con las propias manos del hombre. Con sus propias manos. Y colaboró en hacer del Renacimiento el principio del fin de lo viejo. El origen principal del progreso.

Por Antonio Lucas, El Mundo

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Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia

Museo Nacional del Prado. Madrid 28/05/2019 – 15/09/2019

Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia, exposición que cuenta con el patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado, investiga el valor artístico del primer Renacimiento florentino, en torno a 1420 y 1430, con especial atención a la figura de Fra Angelico, uno de los grandes maestros de este período.

Esta exposición, en la que participan más de 40 prestadores de Europa y América, gravita alrededor de La Anunciación del Museo del Prado, que se exhibe ahora en toda su plenitud tras su reciente restauración. Junto a ella se pueden contemplar la Virgen de la Granada,incorporada a la colección del Prado en 2016, y otras 40 obras de Fra Angelico, así como  de otros pintores contemporáneos como Masaccio, Masolino o Filippo Lippi, y de escultores como Donatello o Ghiberti, hasta un total de 82 obras.

La Anunciación (detalle)

Comisariada por Carl Brandon Strehlke, Conservador Emérito del Philadelphia Museum of Art, reconocido experto en Fra Angelico y otros maestros del Renacimiento florentino.

Fra Angelico se formó como pintor en una Florencia en la que los encargos públicos de escultura y arquitectura conseguidos por Brunelleschi, Donatello y Ghiberti hicieron que se volviera la vista a la Antigüedad clásica en busca de inspiración. Aunque fue aprendiz en el taller del benedictino Lorenzo Monaco, quien cultivaba un estilo gótico refinado y elegante, Fra Angelico se entregó sin reservas al nuevo lenguaje artístico y, al igual que su maestro Monaco, ingresó en una institución religiosa, San Domenico de Fiésole, convento en el que tomó los hábitos. Su condición de fraile no le impidió colaborar con otros artistas y mantener un gran taller que proveía de pinturas tanto a iglesias como a importantes mecenas de la ciudad y fuera de ella.

Entre los retablos que pintó para su convento estaba el de la Anunciación del Museo del Prado, eje de esta exposición, en la que se demuestra su activa participación en el  renacimiento de las artes que se produjo en Florencia, pues junto a Masaccio, más joven que él, inventó una nueva manera de ver que dominaría el arte occidental hasta la época moderna.

Datada a mediados de la década de 1420, La Anunciación es el primer altar florentino de estilo renacentista en el que se utiliza la perspectiva para organizar el espacio y en el que las arquerías góticas se abandonan a favor de formas más ortogonales, de acuerdo con las consignas preconizadas por Brunelleschi. Debido a su condición de fraile, su capacidad para manejar la luz, el espacio en perspectiva y la narración se ha visto a menudo eclipsada por sus méritos como pintor teológico.

Este retablo llegó a España en 1611, siendo probablemente la primera pintura suya en abandonar Italia, mientras que la Virgen de la granada fue adquirida por el XIV duque de Alba en 1817, cuando se estaba redescubriendo el valor artístico del primer Renacimiento florentino. Se entrelazan así en esta exposición dos relatos: Florencia vista por Fra Angelico y Fra Angelico visto con ojos españoles.