Rostros de cansancio, resignación, y también obstinación, se repetían en las calles del centro de Caracas en horas del mediodía de este martes. Pero, a pesar del apagón nacional del lunes y de los cortes de luz que hubo hoy, los ciudadanos intentaron movilizarse para llegar a sus trabajos y realizar diligencias.

Eduardo Castro, un herrero de 65 años de edad, aseguró haberse sentido como una rata cuando le tocó salir por el túnel del Metro de Caracas durante el apagón y fue atropellado por los demás usuarios del subterráneo. “Casi me da un infarto. Yo estoy convencido de que en este país hace falta gente nueva porque la revolución bonita no sirve para una mierda”, manifestó.

FOTO ABRAHAM CASTILLO

Cada autobús que pasaba estaba a reventar. Quienes podían, caminaban. El Metro de Caracas no prestó servicio y los capitalinos hicieron largas colas para abordar las unidades de transporte público. Los empujones, los gritos y los insultos no faltaron durante la espera.

A pesar de las deficiencias del sistema eléctrico nacional, así como del hartazgo de los venezolanos, muchos dudaron en declarar por miedo a represelias o a ser fichados por colectivos. No obstante, con el micrófono apagado, algunos manifestaron su descontento por la zozobra en la que el régimen de Nicolás Maduro mantiene a los ciudadanos.

Sin Metro y por el colapso del transporte, José Colmenares, un joven vendedor ambulante de chucherías, caminó el lunes en medio de la oscuridad desde Capitolio hasta Carapita.

“Hoy también me afectó, no pude salir de mi casa temprano. Tuve que echar empujón en esa camioneta. Esto es un caos total, una locura. Si seguimos con esto no sé adónde iremos a parar. Si se queman los electrodomésticos, ¿cómo hacemos?”, declaró.

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Había tráfico en las avenidas mientras que funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana se encontraban desplegados en algunas zonas y un camión cisterna surtía de combustible al Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz para el funcionamiento de su planta eléctrica.

Las entidades bancarias cercanas no quedaron exentas de la situación de caos y tensión. Llegada la 1:00 de la tarde aún se mantenían adultos mayores en las afueras de una sede del Banco Bicentenario para cobrar su pensión, pero no fueron atendidos.

“Monté mi comida a las 4:00 de la tarde y como tengo cocina eléctrica no pude comer sino hasta la 1:00 de la mañana. La luz llegó a las 12:00 de la noche. Cociné todo lo que pude. Comí en la madrugada y en la mañana me comí lo que quedó”, dijo Yajaira Palma, habitante del barrio Los Mecedores de Caracas.