“El pasillo de la muerte” está ubicado justo frente al estadio de fútbol de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Los mosaicos azules de sus paredes significan hoy el terror para quienes han sido atacados por delincuentes que se esconden en el monte que lo rodea.

Ser atracado a mano armada dependerá de “cuadrar” con el profesor y el resto de tus compañeros una clave para identificarte y diferenciarte del hampa al llegar al salón de clase. Sí, así como lo lee.

Salir en grupo y reducir las horas de clase luego de las 2 de la tarde es también otra de las medidas. Lamentablemente la Universidad Central de Venezuela se ha convertido en “tierra de nadie” como una de sus áreas conocidas con ese nombre.

Foco por cierto, del consumo de drogas y robos a estudiantes, profesores y todo aquel que quiera o deba caminar por el lugar.

Recorrimos la facultad de Estudios Jurídicos y Políticos fundada hace unos 35 años. Hoy su infraestructura está destruida, lo poco que se mantiene en pie es gracias a sus estudiantes que se niegan a abandonar un espacio que los ha formado.

Lo primero que vimos fue la puerta aún manchada de negro por el humo ocasionado por el incendio provocado por grupos violentos que quieren imponer “a lo macho” su ley.

En el patio de la escuela conversamos con José Luis Calaberardino. Nos contó cómo una vez en plena faena de clases tocaron la puerta, el profesor abrió y eran 6 malandros.

“Nosotros viendo clases se meten y nos lanzan al piso. Un día el profesor abrió la y eran seis malandros y nos robaron todas nuestras pertenencias. Lo que hacemos es buscar cualquier tipo de palabra que nos identifique como estudiantes».

Relató que en horas de la tarde son más vulnerables a hechos delictivos y que la situación se ha agravado por la falta de presupuesto, que según conocimos es sólo el 30% de lo solicitado por las autoridades para el 2019.

Al entrar observamos salones vacíos, sucios con techos en ruinas porque según nos cuentan sus estudiantes “llueve más adentro que afuera”.

Hace unos 5 años se inscribían a cursar estudios políticos unos 1200 alumnos. Ahora solo 500 de los cuales asisten a clases la mitad. La falta de dinero, trasporte y comedor merman mucho más las fuerzas para estudiar y resistir dentro de lo edificio.

La crisis económica de Venezuela y el presupuesto deficiente de la UCV no afecta sólo el espacio físico. Conociendo la escuela de Estudios Políticos conocimos también a Alejandra Juárez.

Nos confesó lo duro que ha sido la diáspora de compañeros y profesores, muchos de ellos disminuidos en peso. “Muchos profesores se han ido o se han sentido mal dando clases porque no tienen que comer”, aseguró.

Suciedad y abandono

Permanecer en pasillos, salones o baños de la escuela de Estudios Jurídicos y Políticos de la central es un acto de vocación. Muchas de las aulas tienen filtración en los techos. No hay cableado eléctrico y la mayoría de las lámparas han sido vandalizadas.

Urinarios colapsados, papeleras repletas de basura son reflejo de la falta de personal de mantenimiento, pues a duras penas el dinero alcanza para pagar la nómina.

La sede de la escuela de Derecho que pertenece a la facultad de estudios políticos no es la excepción. Aunque su edificio está un poco más limpio, no escapa al abandono que sufre la UCV.

Allí conversamos con Alberto Martínez. Contó a las puertas de la escuela lo diezmada que está. Aseguró que la crisis no da tregua. No hay personal de limpieza, ni comedor, ni transporte para trasladar a los estudiantes sobre todo quienes viven lejos de Caracas.

«Nuestra escuela está abandonada en todos sus espacios. Aquí no hay recursos para contrarrestar el hampa que azota los espacios».

Indicó que el baño de caballeros de su escuela está a punto de colapso y que para resguardarse de delincuentes que ingresan a la UCV.

Informó que a la fecha solo hay un turno nocturno de 5:30 a 7:00 p. m. y que hacen grupos para buscar la salida más cercana y salir de un sitio que definió como «el campus de impunidad».

El último estudio realizado dio cuenta de la huída masiva de sus estudiantes. De 4 mil inscritos hace cinco años, en 2019 suman 1800. La inseguridad es un panorama común para sus alumnos. Los baños, papelería, comedor y transporte brillan por su ausencia.

Aunque todo parece turbio, sin embargo, existe la voluntad de jóvenes de seguir trabajando duro no solo para graduarse, también para formar parte del cambio que requiere el país. Consideran que el ataque a los recursos de la UCV tiene una intensión política y de acabar con la academia, pero que están convencidos que la lucha se empieza defendiendo y manteniendo los espacios.