Bloqueos de vías y ausencia de transporte afectaban la mañana del martes la capital chilena, en una nueva jornada de protestas sociales y con un llamado a paralización por parte de empleados públicos, estudiantes y otras organizaciones.

Tres semanas de movilizaciones han dejado más de 20 muertos y miles de detenidos, además de cuantiosos daños que ya empiezan a sentirse en la economía del mayor productor mundial de cobre.

Pese a que el Gobierno ha hecho algunos guiños con ajuste de ministros, medidas paliativas y la promesa de avanzar en un cambio constitucional, los manifestantes no parecen satisfechos y demandan reformas estructurales al modelo económico del país.

“La verdad es que claro, el presidente hizo un mini cambio, pero es mucho el abuso que hay y no basta. Este movimiento no es de izquierda o derecha, va más allá”, dijo Valentina Donoso, una estudiante de 21 años que vende pan en el centro de Santiago.

Trabajadores del sector público, estudiantes y otras organizaciones gremiales llamaron a una huelga general el martes, aunque garantizaron que no se afectarían sectores como la producción y suministro de combustible.

En dos autopistas que comunican la capital con importantes puertos, barricadas incendiadas flameaban desde primeras horas.

En el centro de Santiago se observaban menos transeúntes y menor frecuencia de buses de la red de transporte. Muchas empresas ajustaron horarios o decidieron no abrir debido a la paralización y marchas convocadas durante la jornada.

Manifestantes se reunían en la Plaza Italia, bastión principal de las movilizaciones en Santiago, mientras otros grupos de personas se congregaban e instalaban barricadas en diversos puntos de la ciudad y en otras partes del país.

Por su parte, el aeropuerto de Santiago informó a sus pasajeros que seguía operando con normalidad en sus accesos.

El tren subterráneo de Santiago dijo que funcionaría según el plan que ha ido ampliando paulatinamente desde los ataques que sufrió en el inicio de las protestas y que dejaron varias estaciones con severos daños.

En tanto, el tren que une las ciudades costeras de Valparaíso y Viña del Mar no operaba al no contar con los servicios mínimos necesarios.

El Congreso suspendió sus actividades por razones de seguridad y debido a los problemas de desplazamiento para los legisladores y funcionarios por los cortes de rutas.

Las manifestaciones iniciaron por un alza en los pasajes del transporte, pero se amplió a demandas de más equidad en salud, educación, pensiones -entre otros- en una de las economías más estables de América Latina, pero que ostenta altos índices de desigualdad.

La mayoría de las mineras de cobre mantenían sus operaciones pese a algunos retrasos en turnos debido a bloqueos de caminos.

La ola de protestas, que también ha derivado en saqueos, destrozos de infraestructura e incendios, han llevado a los expertos a recortar sus expectativas para el crecimiento de la economía en la última parte del año.

Reuters