Opinión

Turquía, objetivo prioritario de la yihad

Un policía patrulla el lugar del atentado en el aeropuerto Atatürk, el 29 de junio de 2016 (Reuters)
Daniel Iriarte

Durante mucho tiempo, las autoridades turcas han mirado para otro lado ante la expansión de la militancia islámica radical. Pero las señales de alerta estaban ahí

Tras el atentado contra el aeropuerto Atatürk de Estambul, el más importante de Turquía, en el que han fallecido al menos 36 personas y otras 147 han resultado heridas, el Presidente Recep Tayyip Erdogan se ha apresurado a decir: “Esto podría haber sucedido en cualquier ciudad“. Pensaba, probablemente, en París y Bruselas. Sin embargo, la afirmación del mandatario turco no es cierta. Por desgracia, hace tiempo que la cosmopolita ex capital del Imperio Otomano está en el punto de mira del terrorismo.

Aunque no se puede descartar todavía la autoría de los Halcones por la Libertad del Kurdistán (TAK), una escisión radical de la guerrilla kurda del PKK que se ha destacado en el pasado por atacar objetivos turísticos -y que reivindicó el ataque con morteros contra el otro aeropuerto de Estambul, el Sabiha Gökçen, en diciembre de 2015-, por ahora todo apunta a que los responsables de esta masacre serían militantes del Estado Islámico. Esa al menos es la principal hipótesis con la que trabajan las autoridades. No solo se esperaba un atentado de estas características desde hace tiempo, sino que son los yihadistas quienes tienen los elementos humanos y materiales y, más importante, la motivación para llevarlo a cabo. El modus operandi, además, es muy similar al de los ataques de París y Bruselas.

Cuando el pasado enero un suicida del ISIS se hizo estallar en la explanada de Sultanahmet, epicentro de la parte turística de Estambul, El Confidencial analizó por qué Turquía se había convertido en un objetivo legítimo para los yihadistas. Medio año después, las razones siguen siendo las mismas. La negligencia de las autoridades turcas a la hora de tratar con el fenómeno yihadista -muchos hablan incluso de abierta connivencia- ha acabado teniendo trágicas consecuencias.

Tal vez el islamista Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Recep Tayyip Erdogan pensó que su ideología lo mantendría a salvo de la amenaza del ISIS. Y eso que Estambul ya había sido castigado en varias ocasiones por el terrorismo yihadista: entre el 15 y el 20 de noviembre de 2003, Al Qaeda lanzó cuatro camiones bombas contra el consulado británico, la sede del banco HSBC y dos sinagogas, matando a 60 personas e hiriendo a más de 700. En los años siguientes lo intentaron de nuevo una y otra vez. Pero el Estado Islámico no es Al Qaeda, ni el Gobierno de 2016 es el de hace década y media. Con el Estado Islámico, parecían pensar las autoridades turcas, se podía negociar la liberación de los rehenes tomados en el consulado turco en Mosul. El Estado Islámico luchaba sobre todo contra los kurdos y el régimen sirio de Bashar Al Assad, enemigos de Erdogan. El Estado Islámico era un mal menor.

Y sin embargo, las señales estaban ahí. Durante el último año y medio, el Estado Islámico ha pasado de mantener una postura neutral hacia Turquía y su Gobierno islamista presidido por Recep Tayyip Erdogan a condenar a éste y su creciente apoyo a la coalición internacional que combate al ISIS en Siria e Irak. A principios de junio, la organización lanzó su revista oficial en turco, “Konstantiniyye” (“Constantinopla”), dirigida principalmente al reclutamiento de nuevos militantes en la propia Turquía. En dicha publicación, el ISIS hacía un llamamiento a reconquistar la ciudad, la actual Estambul, aunque “sin armas ni derramamiento de sangre”. En artículos como “¿Quién es un apóstata?” o “Democracia en llamas”, la publicación criticaba la participación de grupos islamistas, como el AKP de Erdogan, en procesos electorales. “La democracia nunca puede ser compatible con el Islam”, asegura uno de los textos.

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Captura de pantalla de un video en el que se ve el momento del atentado en Suruç, el 20 de julio de 2015

“Democracia, secularismo y otras formas del mal”

Un mes después, el ISIS llevó a cabo el primero de los tres atentados suicidas que ha cometido hasta la fecha en suelo turco. Lo hizo en la localidad de Suruç, en la frontera con Siria, frente a la ciudad kurda de Kobane, matando a 34 jóvenes activistas turcos que habían acudido para ayudar en su reconstrucción, e hiriendo a varias decenas más. Poco después, las autoridades turcas lanzaban su “ofensiva general contra el terrorismo”, deteniendo a cientos de militantes -no solo yihadistas, sino también kurdos e izquierdistas, por razones políticas que pronto quedaron claras- y lanzando una tibia campaña de bombardeos contra posiciones del ISIS en Siria.

Desde ese momento, el grado de amenaza y agresión ha ido en paralelo con una retórica cada vez más incendiaria contra Erdogan. En un video titulado “Mensaje a Turquía”, publicado a principios de agosto, un militante barbudo instó a los habitantes del país a “conquistar Estambul” para el Califato. “En primer lugar, necesitáis arrepentiros de todos vuestros errores, causados por este traicionero Satán y sus amigos”, afirma el combatiente en el video, refiriéndose a Erdogan, a quien culpa de toda una serie de males: “No ha gobernado según las leyes de Alá. Se ha acercado a los americanos, a los judíos, a los cruzados, a los ateos miembros del PKK, a los amigos seculares de Atatürk, el Ejército Libre Sirio; y a los espías apóstatas de la familia real saudí”, asegura.

“El pueblo turco debería negarse a aceptar la democracia, el secularismo, las leyes humanas y todas las otras formas de mal”, continúa más tarde. El miembro del ISIS llega incluso a arremeter contra el fundador de la moderna República de Turquía, Mustafá Kemal ‘ Atatürk’, a quien acusa de “forzar al pueblo turco a negar su religión”, y concluye: “Con el líder de los creyentes, Abu Bakr Al Bagdadi, descendiente del Profeta, conquistemos Estambul, que el traidor Erdogan está intentando a toda costa entregar a los cruzados”.

La segunda llamada de atención llegó en octubre, cuando dos suicidas se hicieron estallar en una marcha por la paz convocada por los sindicatos más importantes del país, acabando con la vida de 106 personas e hiriendo a más de cuatrocientas. Podría haber habido más casos: en los últimos dos meses, las autoridades han conseguido abortar otras dos operaciones yihadistas, una que buscaba atentar contra el Maratón de Estambul el pasado 13 de noviembre (el mismo día que los ataques de París), y otra en Nochevieja en Ankara. Y, a diferencia de los casos anteriores, esta vez las víctimas no habrían sido kurdos o adversarios políticos de los yihadistas, sino ciudadanos comunes y corrientes.

Al principio, el ISIS se contentó con atacar al turismo: un suicida en Sultanahmet en enero, otro en la emblemática avenida de Istiklal, considerada el centro de Estambul, en marzo. En total, una veintena de muertos y más de sesenta heridos, y un golpe mortal al ya muy dañado sector turístico. Con el atentado de ayer, esta área económica recibe la estocada mortal.

“Erdogan, el idólatra”

Otro de los motivos de enfrentamiento es la presencia de soldados turcos en Bashiqa, cerca de Mosul, donde las tropas entrenan a una milicia local de cara a la lucha contra el ISIS. El Estado Islámico ha atacado el campamento con morteros y cohetes Katyusha en varias ocasiones, en las que han resultado heridos algunos soldados turcos. En enero, el ejército turco mató a 18 yihadistas que estaban tratando de tomar posiciones para lanzar un ataque. En los últimos meses, la el grupo ha bombardeado con artillería territorio turco desde Siria, especialmente la localidad de Kilis. Como respuesta, el ejército turco ha respondido al fuego en diversas ocasiones, incluyendo esta misma semana.

La revista Dabiq, la publicación oficial del Estado Islámico

Turquía tiene un serio problema con el Estado Islámico que sus gobernantes se resisten a afrontar, insistiendo en tratarlo como una amenaza “extranjera”. Pero en el creciente contexto de polarización en Turquía, en el que islamistas y secularistas con proyectos de sociedad antagónicos libran una guerra cultural cada vez más encarnizada, son muchos los que simpatizan con los yihadistas. Tras la masacre de Ankara, algunos diarios islamistas titularon: “Mueren un centenar de ateos en un atentado”. Y después de los ataques de París, grupos de exaltados sabotearon el minuto de silencio celebrados por las víctimas en dos partidos de fútbol en Konya y Estambul entre gritos de “¡Alá es grande!”.

Se sabe que hay turcos en el liderazgo del Estado Islámico, y al menos un millar de ciudadanos turcos combaten en sus filas. Pero aún más preocupante es la base de apoyo de la que parece gozar la organización en Turquía: en una encuesta del German Marshall Fund realizada en julio (es decir, antes del atentado de Suruç), los investigadores descubrieron que el 6,6% de los turcos no creen que el ISIS sea una organización terrorista, y el 15,6% dijo que no constituía una amenaza para Turquía.

En el segundo número de “Konstantiniyye”, la publicación se refería a Erdogan como “taghut”, que en la doctrina islámica significa “aquel que ha cruzado los límites establecidos” (para estos radicales, alguien que adora a algo diferente a Dios, el que gobierna sin tener en cuenta los mandatos divinos, “tirano” o sencillamente “idólatra”). En el número 11 de la revista “Dabiq”, la publicación oficial del Estado Islámico, el mandatario turco aparece en la portada manteniendo una reunión con el Presidente estadounidense Barack Obama. El mensaje no podría ser más claro. Ahora que su Gobierno ha perdido el favor de los yihadistas, Turquía se enfrenta a la misma amenaza que el resto del planeta, aunque algunos en su Gobierno se resistan a verlo.

De confirmarse la autoría del ISIS, la fecha del atentado podría estar relacionada con el hecho de que este grupo se enfrenta a importantes pérdidas de territorio en Irak y Siria, donde sus enemigos están recuperando el control de localidades clave como Faluya o Manbij. Como ya ha sucedido en el pasado, cuando el “Califato” pierde terreno, los yihadistas golpean en otro lugar para desviar la atención. Además, el ataque se produce en un momento especialmente tenso debido a la celebración del juicio por la masacre de Ankara, en el que un treintena de militantes del Estado Islámico se enfrentan a posibles penas combinadas de hasta 11.000 años de cárcel. Pero el hecho de que el grupo se haya decidido a atentar durante el mes sagrado del Ramadán, al que el ejecutivo islamista de Erdogan da una importancia cada vez mayor, añade aún más sal a la herida.

El Confidencial

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