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Con Trump, Washington comienza una época de confrontación y conflicto

WASHINGTON — El presidente Donald Trump dejó claro en su vehemente discurso inaugural que pretendía desafiar a la clase dirigente de Washington. Esta se apresuró a responder, lo que ha creado una atmósfera palpable de incertidumbre y caos en los primeros días del nuevo gobierno.

El nuevo presidente despidió a la fiscal general interina por haberse rehusado a defender la orden ejecutiva de Trump en materia de inmigración. El martes, los demócratas boicotearon las audiencias de confirmación del senado para evitar que se realizara la votación de los candidatos al gabinete. Y la Casa Blanca instó a renunciar a aquellos empleados del Departamento de Estado a los que no les gusta el camino por el que se dirige el gobierno de Trump.

Incluso tras años de un paralización política y de un partidismo implacable, este nuevo nivel de confrontación y conflicto es disonante, además de haber contribuido a crear una atmósfera de crisis justo cuando el nuevo presidente se preparaba para revelar la identidad de un nuevo candidato para la Suprema Corte, una selección que sin duda atizará las tensiones. 

Parece que el rápido ritmo de los sucesos recientes ha tomado por sorpresa a los republicanos, que todavía se están ajustando a una nueva era en la que el ejecutivo no ha actuado como se acostumbra, con consultas e intercambio de información antes de emitir una propuesta que podría resultar explosiva, como suspender el otorgamiento de visas a refugiados e inmigrantes de algunos países seleccionados.

“Es lamentable que la implementación de la medida causara cierta confusión”, dijo el martes a los periodistas Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, y subrayó que los republicanos de mayor jerarquía se enteraron del contenido de la orden al momento de su emisión. 

Quizá el presidente, al igual que algunos que se consideran desestabilizadores, como su asesor principal, Stephen K. Bannon, quien ha emergido con rapidez como la persona con más poder en el Ala Oeste, prefieran actuar con sigilo y decidir entre pocas personas. En contraste, a los políticos más convencionales definitivamente no les gusta que los sorprendan con la guardia baja.

El representante republicano por Nueva York Peter King comentó que habían surgido fallas similares en los primeros días de algunos gobiernos anteriores, pero que no se tolerarán por mucho tiempo.

“Puede haber un periodo breve para superar la curva de aprendizaje, pero después debes reaccionar”, explicó King.

Un veterano de algunos gobiernos republicanos anteriores reconoció que la Casa Blanca de Trump todavía está en su periodo de “reconocimiento”, e invitó al personal del presidente a consultar más con otros para evitar confusiones. “El procedimiento importa”, dijo Kenneth Duberstein, quien fungió como jefe de gabinete de Ronald Reagan. “No tratas solamente con altos directivos, sino con toda una variedad de distritos y un consejo constituido por 535 miembros”, añadió en referencia a los integrantes de ambas cámaras del congreso.

Sin embargo, la principal objeción republicana al parecer no se centró en el contenido de la orden ejecutiva, sino en la forma en que manejó esta una Casa Blanca con falta de experiencia y de personal.

Varios republicanos enfatizaron que apoyaban por completo las acciones de control en la frontera y que en esencia se replica la legislación que la cámara aprobó el año pasado. A diferencia de los demócratas, casi todos los republicanos apoyaron el despido de Sally Yates, la fiscal general interina.

Los republicanos señalan que siguen dispuestos a trabajar con el presidente para revertir puntos en los que consideran que el gobierno de Obama se extralimitó y para dar su propio estilo conservador a la actual administración.

En su opinión, el furor y el tumulto continuo en Washington no necesariamente causan preocupación entre los electores en casa.

“El presidente Trump ha dejado muy claro que es un hombre de acción, y estamos listos”, declaró Cathy McMorris Rodgers, representante por Washington y una de las líderes republicanas en la cámara.

Aunque entre otras partes de la élite, la reacción a los primeros días del mandato de Trump no fue para nada tan entusiasta como la de McMorris Rodgers.

Un consultor republicano que por lo regular está al tanto de las situaciones y no quiso ser identificado por oponerse al presidente afirmó que, si continúa la confusión, pronto se pondría en duda la aptitud básica del nuevo gobierno. Resaltó que, a pesar de haber participado en debates para la confirmación de miembros de la Corte Suprema en el pasado, le sorprendió que la Casa Blanca no le hubiera consultado algunas ideas para manejar la que está en puerta.

Los demócratas en general siguieron pasmados, aunque el senador Richard J. Durbin de Illinois, el segundo demócrata más importante en el senado, destacó que existía un “ambiente muy tenso entre los demócratas del congreso y la Casa Blanca, y creo que estas órdenes ejecutivas en realidad llevaron al límite nuestra relación”.

Con el equipo de Trump, nadie sabe todavía con seguridad qué esperar, así que los nervios están de punta y la gente se pregunta qué sigue: ¿eliminar las protecciones legales a los homosexuales (lo cual niega la Casa Blanca) o emprender alguna acción en contra de los jóvenes inmigrantes indocumentados llamados dreamers? ¿Qué tal un choque con Irán o una alianza con Rusia?

Trump y su equipo parecen disfrutar en cierta forma la confusión.

“Vamos a cambiar muchas muchas reglas”, exclamó Trump el martes durante una reunión en la Casa Blanca con ejecutivos farmacéuticos.

Sus comentarios se refirieron a las acciones en respuesta al desarrollo y los precios de los medicamentos. Sin embargo, pareció implicar muchas más cosas, así que en Washington sigue el nerviosismo.

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