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Trump es lo de menos para los inmigrantes que llegan a EE.UU.

Para los inmigrantes centroamericanos que prefieren arriesgar o morir en el intento, a quedarse a vivir en medio de la violencia criminal y la extrema pobreza en sus países de origen, no les importa quién sea el presidente de Estados Unidos, ellos siguen llegando por miles.  Después de todo, el presidente electo Donald Trump, que se ha comprometido a combatir la inmigración ilegal, no se ha referido específicamente al flujo de migrantes centroamericanos ni en sus discursos ni en su plan inmigratorio de 10 puntos.

Una nueva oleada de familias y niños no acompañados que cruzan ilegalmente la frontera sudoeste de Estados Unidos, de acuerdo a las últimas cifras oficiales, está rebasando la capacidad de los centros de detención del gobierno y los refugios creados por organizaciones sin fines de lucro.

Estas olas de inmigrantes centroamericanos, que empezaron con gran fuerza desde finales del 2013, no se detienen, después de descender el 2015.  Y a ellos no les importa lo que las autoridades dicen para advertirles que no se arriesguen a viajar al norte.

Así, en un esfuerzo por frenar esta marea, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. ha publicado en los últimos meses cuatro videos en los que inmigrantes detenidos cuentan el traumático viaje de 2.500 kilómetros que se arrepienten de haber emprendido, y de los peligros de confiar a los niños a contrabandistas de seres humanos. Pero nada de esto funciona.

El deseo de escapar de la miseria no intimida a los inmigrantes y eso lo admiten las propias autoridades norteamericanas. En un comunicado, Johnson dijo: “La seguridad fronteriza por sí sola no puede superar los poderosos factores de empuje de la pobreza y la violencia que existen en Centroamérica”.

Un salto del 90% 2015-2016

Así como los inmigrantes irlandeses huían de la gran hambruna y llegaban por miles en barco a EE.UU. a finales del siglo XIX, así lo están haciendo ahora los inmigrantes centroamericanos de los países más pobres de la región: El Salvador, Guatemala y Honduras.

En el año fiscal que terminó el 30 de septiembre, agentes fronterizos de EE.UU. detuvieron a 137,366 migrantes mujeres con niños o menores que viajaban solos, un salto del 90% respecto de 2015 y aproximadamente la misma cantidad que en 2014. Ese año, el flujo humano desde Centroamérica fue considerado una crisis humanitaria por el gobierno de Barack Obama.

Cuando llegan a EE.UU., los migrantes suelen entregarse a los agentes y solicitan asilo, citando la violencia de las pandillas en sus países de origen. En este sentido, los inmigrantes hacen uso de las leyes estadounidenses que impiden que se les deporte inmediatamente, debido a que su caso debe ser escuchado primero por un juez de inmigración.

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Centro de detención de inmigrantes en McAllen, Texas

Centros de detención desbordados

Después de un período de calma, la frontera ha vuelto a experimentar un fuerte aumento del número de recién llegados. El 22 de octubre de 2016 había 41.037 inmigrantes en detención en comparación con los 32.567 que había al 23 de abril, según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Típicamente, el número oscila entre 31.000 y 34.000.

El miércoles 9 de noviembre, el secretario de Seguridad Nacional, Jeh Johnson, dijo que autorizó al ICE a adquirir espacio de detención adicional. También dijo que en octubre, 46.195 personas habían sido aprehendidas en la frontera sudoeste, frente a 39.501 en septiembre.

Centros de refugio rebasados

En las últimas semanas, han llegado entre 200 y 300 migrantes por día a la Iglesia Católica del Sagrado Corazón en McAllen, Texas.

“Es posible que las cifras sean aún mayores que en 2014”, dice la hermana Norma Pimentel, directora ejecutiva de las Caridades Católicas del Valle del Río Grande, que dirige el refugio, donde los migrantes pasan un día antes de abordar los autobuses que los llevan hasta sus familias.

“Estamos tratando de ver cómo manejar esto”, cuenta Pimentel, quien fue públicamente reconocida por el papa Francisco por su trabajo en la frontera. Los migrantes reciben alimentos, ropa y otros tipos de asistencia.

TribunaHispana

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