Opinión

Todas las cadenas de TV tradicionales se unen contra Netflix

Al igual que en EEUU, las cadenas europeas buscan unirse contra los gigantes de Internet

Hulu es un servicio de vídeo bajo demanda en plena expansión en el que participan Disney, ABC, NBC, Fox y Turner. Las grandes compañías tradicionales del entretenimiento audiovisual de EEUU unidas contra un adversario común: Netflix. En Europa son muchas las compañías que comienzan a plantearse una confluencia similar. Les frena, por ahora, la complejidad social y legal europea.

Tendrán que superar los obstáculos si quieren hacer frente al gigante del entretenimiento y a compañías como HBO, Amazon o Apple. La compañía de Reed Hastings invertirá este año 1.000 millones de dólares en producciones europeas. La de Jeff Bezos ya cuenta con 12 producciones europeas, emitirá 20 partidos de la Premier League en directo y puja por los derechos de La Liga española. HBO incrementará su producción fuera de EEUU un 40% en 2018.

La apuesta es estratégica. Según la consultora PwC el mercado del vídeo bajo demanda alcanzará los 30.600 millones de dólares en 2022. Esto supone un crecimiento de casi un 9% anual hasta entonces. Un negocio que crece mientras se espera que la publicidad en televisión tradicional empeore al menos hasta 2022. Y que supera tanto al cable (22.700 millones de dólares en 2022) como a los servicios ‘broadcast’ (20.400 millones para el mismo año).

Estos grandes rivales no son los únicos que tratan de hacerse hueco en el mercado. Los servicios especializados también se multiplican. Y crecen. Crunchyroll, especializado en animación, supera el millón de suscriptores en todo el mundo. BritBox, de BBC e ITV, cuenta con 500.000. Como también los hacen las alianzas con las operadoras de comunicaciones. En España, por ejemplo, Netflix y Movistar hacen buenas migas y se abrazan como aliados, como también hacen HBO y Vodafone.

Un nuevo mercado al que las compañías de entretenimiento audiovisual no tienen más remedio que adaptarse. Su reto es doble.

Por una parte, en cuanto a la producción de contenidos. Netflix gasta unos siete millones de dólares por cada episodio de The Crown. Cinco veces más de lo que ITV gastó en cada capítulo de Downtown Abbey. Un músculo económico propio de una empresa en expansión que las compañías tradicionales sólo pueden igualar si colaboran.

Lo que supone un segundo problema: los derechos de emisión y distribución. Netflix, o Amazon, cuentan con un sistema de distribución global a través de sus plataformas. Las compañías tradicionales no. Lo que las pone ante su segundo reto: construirlo.

Una tarea difícil. Se trata de ponerse de acuerdo, encontrar una marca, unirse en torno a ella y convertirla en un competidor global. Superar las actuales dificultades en torno a los derechos de distribución y saltar sobre las leyes de defensa de la competencia o de la identidad nacional que existen en Europa.

Poco a poco llegan los primeros intentos. LovesTV en España, 7TV en Alemania y marcas digitales nacidas en Europa como TVPlayer o Molotov.tv. Son tímidos movimientos incluso frente a Hulu, con 20 millones de suscriptores, pero es un comienzo positivo.

Se trata de un primer esfuerzo por comprender un mercado global, fragmentado y cambiante. En el que las alianzas jugarán un papel clave. Y en el que, como en casi cualquier otro negocio digital, hay dos claves para acabar bien colocado: contenido de la máxima calidad distribuido con la mejor funcionalidad posible.

 

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