Opinión

¿Por qué cayó Dilma Rousseff?

Andy Robinson

La presidenta destituida intentó plantar cara a la banca privada y pagó el precio

Las dos torres que albergan la sede del BNDES, un rascacielos de cristal negro, y la de Petrobras, una al lado de otra en el centro de Rio, a la vuelta de esquina de los clubes de samba de Lapa, pueden esconder los secretos del auge y la caída de Dilma Rousseff.

Estas dos entidades públicas eran los vehículos principales de la estrategia de economía dirigida por el estado empleada por el partido de los trabajadores (PT). Fue el colapso de la inversión de Petrobras, debido al desplome del precio del petróleo y la investigación judicial conocida como Lava jato sobre una red sobornos canalizados a traves de la icónica petrolera estatal lo que puso en marcha a debacle. “Sin la inversión de Petrobras la economía entró en recesión”, dijo Otaviano Canuto del FMI. El colapso del precio de otras materias primas como el hierro y la soja complicó aun mas la situación.

Así mismo, fue la decisión atrevida de Rousseff de usar BNDES y otros bancos públicos para forzar una bajada de los elevadísimos tipos de interés en Brasil, lo que desató la ira de la banca privada y de los mercados financieros, el inicio del prolongado acoso al gobierno que terminó con la destitución casi definitiva de Rousseff en la noche del miércoles..

Se inventó un pretexto a partir de las llamadas “pedaladas” fiscales, el uso de préstamos de los bancos públicos para reducir provisionalmente el déficit presupuestario , algo habitual en Brasil -y legal, según la interpretación de Rousseff. Pero los motivos reales fueron otros. La crisis económica y las medidas que Dilma adoptó para hacerle frente levantaron ampollas en el establishment. “Todo esto empezó cuando Dilma intento reducir los spreads bancarios (la diferencia entre los intereses que pagan los bancos y los que cobran), que eran gigantescos; los bancos privados no se lo perdonaron”, dijo un técnico de BNDES.

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Dilma Rousseff tras su destitución (AFP)

El nuevo gobierno de Michel Temer no tardó nada el viernes en anunciar un nuevo proyecto de privatización de ”todo lo que sea posible” –según señaló el ministro de trasporte- en sectores como el petróleo, el sector eléctrico, puertos y aeropuertos. Aunque el gobierno no se ha expresado sobre esto, la ley del PT que daba preferencia a Petrobras y a los proveedoras locales en la explotación del petróleo en el Atlantico probablemente será revisado en un “plan que será neoliberalismo 2,0”, según sostiene Carlos Pinkusfeld, de la Universidad federal de Rio de Janeiro.

Será parte de un plan de elevar los ingresos el estado para reducir el déficit brasileño de 10% del PIB y prevenir una crisis de solvencia en un país que paga intereses elevadísimos sobre su deuda, equivalentes al 20% del PIB, una hemorragia de dinero desde el estado a los bancos y los inversores en bonos. No era por nada que Dilma trató de bajar los tipos

Previsiblemente, los mercados han descorchado las botellas de ron cachaça tras el polémico cambio de gobierno en Brasil. El real ha subido otro 1,5% desde la votación en el senado mitras que la bolsa de Sao Paulo subió de 50.000 a 54.000 mientras lso senadores preparaban la defenestración de la presidenta elegida en octubre del 2014. Las empresas privatizadas a fin de cuentas pueden ser gangas. El real esta barato y los precios de activos brasileños deprimidos en el mercado internacional.

Presiones al alza

Mientras tanto, crecen las presiones sobre BNDES, elogiado durante la crisis financiera mundial del 2008 -2010 como un ejemplo modélico de cómo la banca pública puede evitar los problemas especulativos de la banca privada. Henrique Merielles, el nuevo ministro de Hacienda, dijo el viernes que los bancos públicos “serán valorados con criterios técnicos”. Se intenta también involucrar al banco en el escándalo lava jato junto con su presidente Luciano Coutinho, uno de los cerebros económicos de la izquierda brasileña… Se insinuó en Folha de Sao Paulo la semana pasada que los créditos que BNDES canaliza a las empresas involucradas en el escandalo como Odebrecht fueron susceptibles a sobornos.

No hay ninguna prueba de que sea así. Pero en Brasil en estos momentos basta con dejar caer el posible delito. El ministro de hacienda y responsable de la política de intentar bajar tipos en el primer gobierno de Dilma Rousseff, Guido Mantega, vilipendiado en los medios por ser el arquitecto del desastre económico en Brasil, fue detenido la semana pasada y forzado a dar testimonio ante un fiscal en sao Paulo acusado corrupción. “Hay un clima de persecución”, dijo el periodista Luis Nassif

Es el precio que hay pagar por plantar cara a la banca, los mercados y la vieja elite brasileña. “Brasil sufre una enfermedad que se llama financiación; los bancos actúan como chulos de la prostitución, viven de operaciones de tesorería; pidiendo tipos de interés muy altos en las economía real; los beneficios delos bancos han sido colosales”, dijo Roberto Freitas economista de la Cepal en Brasila. Esto incluyó a los banco internacionales El Santander, por ejemplo, ganaba casi una tercera parte de sus beneficios en Brasil durante los años anteriores a la crisis.

Mantega puso en marcha a una nueva estrategia llamada la Nueva matriz económica, que pretendía bajar los tipos, bajar a tasa de cambio para mejorar la competitividad de la economía brasileña tras el colapso de precio de las materias primas, controlar precios y estimular la inversión privada mediante estimulo fiscales selectivos El error de mantenga, pudo ser intentar hacer todo esto a la vez. ¨”Forzar a los bancos a bajar los tipos fue una idea estupenda y bajar el cambio también pero debió endurecer la política fiscal también”, dijo Freitas. Otros economistas como Ricardo Suma, creen que el error fue bajar la tasa de cambio. De cualquier manera, el resultado fue una inflación galopante y recesión. Luego Dilma dio un giro de 180 grados y nombró al ortodoxo Joaquim Levy para hacer un duro ajuste muy parecido al que ahora mismo está proponiendo. Tras perder el apoyo de las clases medias, ese último giro hacia la derecha mermó su apoyo en las clases popular .

Según el ex asesor de Lula André Singer, Rousseff calculaba que si apostaba por la economía productiva, las grandes empresas industriales agrupadas en la Federación de la poderosa industria de Sao Paulo (FIESP) la protegerían en su pulso contra la banca y lso mercados financieros. Fue un error catastrófico. Los industriales ya no son enemigos de los financieros ni en Brasil ni en ningún país. El enorme pato amarillo omnipresente en las grandes manifestaciones pro impeachment en la avenida paulista de sao Paulo , fue un regalo de FIESP, uno de los principales impulsores de lo que Dilma califica como un golpe.

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