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Oymyakon, en Siberia, es el pueblo más frío del mundo

Este municipio ubicado en el este de Siberia ostenta el récord de la temperatura más baja jamás registrada en un lugar habitado: -71,2ºC

Por Josep Fita
Fotografías de Amos Chapple
Si algún día se te ocurre visitar este pueblo, ten la precaución de no parar el motor del coche cuando estés al aire libre. Puede darse la circunstancia de que cuando quieras volver a ponerlo en marcha no puedas. Te preguntarás el porqué. Pues porque la gasolina se congela por debajo de los 45 grados bajo cero. ‘¡Menudo consejo!, pensarás. ‘¿En qué lugar habitado pueden alcanzarse esos registros?’, te preguntarás. Bienvenido a Oymyakon, el pueblo más frío del mundo.

Amos Chapple

Situado en el este de Siberia, este pequeño municipio de la República de Sajá, de poco más de 450 habitantes, ostenta el récord de la temperatura más baja jamás registrada en una zona habitada. Fue el 26 de enero de 1926, cuando el termómetro marcó 71,2 grados bajo cero -el guarismo más bajo jamás alcanzado en el hemisferio Norte-. No es, sin embargo, la temperatura más fría registrada a lo largo de la historia en el planeta Tierra. Ésta se obtuvo en la Antártida, concretamente en la base de Vostok, en 1983, cuando el mercurio bajó hasta los -89,2ºC.

Amos Chapple

Uno se preguntará cómo es posible sobrevivir en un lugar donde la temperatura media en enero es de casi 50 grados negativos; donde el suelo está permanentemente congelado, formando permafrost, por las temperaturas gélidas; donde los niños no van al colegio cuando el termómetro marca registros por debajo de los -52ºC, circunstancia que se da de manera habitual de diciembre a marzo. “Pues estando siempre que pueden dentro de casa”, explica Amos Chapple, un fotógrafo neozelandés que visitó Oymyakon a principios de 2013 para inmortalizarlo.

Amos Chapple

Chapple relata que es difícil encontrarse a alguien por la calle en invierno. “No pasan más tiempo afuera de lo necesario, son muy cautelosos”, asegura. Y las pocas personas que uno puede encontrarse no tienen muchas ganas de conversar, conducta totalmente compresible en un lugar en el que estar a 65 grados negativos es algo habitual en enero. “Es muy difícil retratar la vida allí”, subraya este fotógrafo.

Amos Chapple

No por habitual, los habitantes de este pequeño pueblo siberiano tienen buena relación con el frío. “No les gusta en absoluto. Para ellos, además de incómodo, es peligroso”, afirma Chapple. Una de las formas que tienen de quitárselo de encima es bebiendo. “A muchos hombres de allí les gusta beber a menudo”, arguye. En este sentido, recuerda que en algunos de los establecimientos que visitó del lugar “había dibujos hechos por niños en los que se podía leer el lema ‘El vodka es malo’”. “Era un poco triste de ver”, lamenta. Pero lo cierto es que en Oymyakon se beben este espirituoso como el agua. “Le llaman el ‘Russki Chai’, el té ruso”, recuerda.

El cuarto de baño típico de Oymyakon (Amos Chapple)

Para matar el tiempo encerrados en casa, optan por la lectura o por ver la televisión. “Como nosotros”, esgrime Chapple. También se organizan algunos espectáculos. “La cultura yakutiana [Yakutia es el nombre que recibe la República de Sajá en idioma yakuto]- es muy rica”, asegura.

Las pocas veces que salen de casa es para hacer una visita obligada al cuarto de baño. En Oymyakon las tuberías no tienen demasiado sentido, porque reventarían debido a las extremas temperaturas que sufren, por lo que el lavabo, por norma general, acostumbra a ser una suerte de maltrecha cabaña ubicada al lado de las casas.

Por lo que respecta a la actividad económica, en el pueblo es fácil ver granjas de renos y vacas. También, y aunque suene extraño por el tamaño del municipio, no es nada raro tropezarse a menudo con edificios de la administración pública. “La Federación Rusa invierte mucho dinero para que Siberia sobreviva, lo que hace que la economía no funcione del todo mal”, subraya Chapple.

Hace tanto frío en Oymyakon que para documentar su paso por el pueblo, Chapple tuvo que aguantar la respiración cada vez que disparaba su cámara fotográfica. “De lo contrario el vapor de mi aliento habría arruinado las instantáneas”, explica. Este hecho no es difícil de creer en un lugar donde un pez se congela sólo 30 segundos después de haber sido sacado del agua, o donde el visitante es recibido por un cartel en el que se puede leer ‘bienvenido al polo del frío’, o donde en todo el mes de enero hay tan sólo unas 28 horas de sol.

¿Por qué hace tanto frío en Oymyakon?

Las bajas temperaturas que azotan el pueblo de Oymyakon se explican, evidentemente, por las latitudes en las que el municipio se encuentra situado. Pero lo que hace realmente que el frío que allí padecen se convierta en extremo responde a la combinación de tres factores principales: el altiplano en el que se encuentra ubicado el municipio, la distancia con el océano y la situación anticiclónica que padece cada invierno.

Un habitante de Oymyakon (Amos Chapple)

“Las masas gélidas que nos llegan del Polo Norte acostumbran a ser menos frías que las continentales, las que proceden de Siberia. Y es que el agua del mar lo que hace es atemperar”, relata Mònica Usart, meteoróloga de RAC1 y  8tv. “Y se da la circunstancia de que este pueblo está ubicado muy lejos del mar”, añade.

Oymyakon, además, se asienta sobre un altiplano de unos 740 metros, lo que ayuda a que las temperaturas sean más bajas que, por ejemplo, en puntos de la Siberia más occidental. Además, esta parte del mundo es una zona habitual de circulación de anticiclones en invierno, lo que hace que en esta época del año el termómetro se desplome todavía más. “Son situaciones meteorológicas en las que el aire frío queda estancado”, señala Usart. Que Oymyakon se encuentre rodeado de dos pequeñas cadenas montañosas tampoco ayuda.

La naturaleza es sabia

Es verdad que los oriundos de Oymyakon odian el frío. Pero también es verdad que están preparados biológicamente para combatirlo. A uno le puede extrañar que, físicamente, las personas que residen en lugares extremadamente fríos respondan a un mismo patrón físico. Pero seguramente a Charles Darwin no le sorprendería. Sólo hay que echar un vistazo a los esquimales. “Acostumbran a ser robustos y regordetes, porque tienen una capa de grasa que les aporta calor”, reflexiona Usart. “Y suelen ser bajitos, porque a menos superficie, menos posibilidad de pérdida de calor”, agrega. Otra lección de la naturaleza.

LaVanguardia

 

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