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El optimismo de Björk se plasma en ‘Utopia’

El nuevo álbum de Björk, “Utopia”, es una meditación en torno a la esperanza: “Si el optimismo alguna vez fue una emergencia, este es el momento”. Credit Santiago Felipe/Getty Images

Colabora con Björk a lo largo del álbum, el músico electrónico venezolano Arca (Alejandro Ghersi), quien creció escuchando la música de Björk.

Por Jon Pareles

¿Qué viene después de que te rompen el corazón? Para Björk, “una carta de amor al entusiasmo y el optimismo”, dijo.
Vulnicura, el álbum formidable y oscuro de Björk de 2015, reflejó la ruptura de su relación de una década con el artista Matthew Barney en canciones de un dolor casi paralizante y furia latente, cargadas con cuerdas dramáticas y disonantes.

Pero su nuevo álbum, Utopia, valora la ligereza: el aliento que le da vida a las voces y las flautas; la atmósfera en la que vuelan las aves; estructuras y tempos que cambian libremente en vez de estar encerrados en un beat. El álbum, que saldrá a la venta el 24 de noviembre, es la iteración más reciente de la fascinación que Björk ha tenido a lo largo de toda su carrera con la manera en que la naturaleza y la tecnología pueden interactuar.

En una entrevista en su apartamento en Brooklyn, dijo que desde hace tiempo Utopia había sido el título tentativo del álbum. Mientras lo hacía, leyó mucho acerca de utopías: en estudios académicos y en historias y novelas a través de los siglos, desde fábulas antiguas hasta la ciencia ficción de Octavia E. Butler. “La utopía ha ido de ser monasterios a islas feministas, socialismo o ‘La primavera de la flor de melocotón’”, dijo, refiriéndose a un cuento sobre una comunidad aislada e idílica que fue escrito en el siglo V en China.

La elección de Donald Trump en 2016 solo reforzó su determinación de vislumbrar la esperanza. “Si el optimismo alguna vez fue una emergencia, este es ese momento”, dijo. “En vez de quejarnos y enojarnos mucho, en realidad necesitamos proponer ideas de cómo podría ser el mundo en el que queremos vivir en el futuro. Este álbum tiene por objetivo ser una idea, una sugerencia, una propuesta del mundo en que podríamos vivir”.

El colaborador de Björk en “Utopia” es Arca, un músico electrónico venezolano que creció escuchando sus canciones. Credit Santiago Felipe/Getty Images

La propuesta de Björk incluye “ese sentimiento después de Trump, en el que todo ha salido terriblemente mal”, dijo. “Y te escapas a una isla y hay muchas mujeres ahí con niños y todos están tocando flautas; todos están desnudos y hay muchas plantas que jamás has visto antes y todas esas aves de las que jamás has escuchado y orquídeas, y hay un sentimiento de ser el primero en un mundo nuevo”.

Björk, de 51 años, me permitió escuchar una versión del álbum durante una de sus breves estancias en Nueva York este año, en un día húmedo de julio. Desde entonces ha estado en Londres, en su casa en Islandia y en un tour por Moscú, Buenos Aires y Tiflis, combinando conciertos con su banda, toques como DJ y curando Björk Digital, una exposición itinerante de sus videos de realidad virtual, que expandirá con canciones de Utopia.

Esa tarde, llevaba puesto un vestido multicolor con un corte asimétrico. Después de reproducir el disco en su estéreo, conversó acerca de la música a través de la mesa de su cocina, mientras bebíamos tazas de café intenso. “Comencé a pensar en este álbum como si fuera una ciudad en las nubes”, dijo. “No tiene gravedad. Es más como flotar en el aire”.

El álbum concluye con “Future Forever”, que tiene acordes resplandecientes y la voz de Björ flota por encima de los silencios; invoca un matriarcado benigno. “Imagina un futuro y existe en él/ siente este alimento increíble; empápate de él”, canta, y después recurre a los consejos de tecnología. “Tu pasado es un bucle que se repite sin parar… apágalo”.

Pero Björk ha estado rumiando en el pasado después de las acusaciones de acoso sexual contra Harvey Weinstein y otros, y ha decidido examinarlo. En una llamada telefónica reciente, abordó un episodio de su vida que ha decidido revelar. En octubre, publicó en Facebook que había sufrido tocamientos e insinuaciones sexuales por parte de un “director danés”: claramente Lars von Trier, quien la dirigió en Dancer in the Dark, el filme del año 2000. “No quiero ser engreída al respecto”, dijo Björk al teléfono desde Islandia. “Hay mujeres a las que les ha ido peor que a mí”.

Sin embargo, dijo que cuando leyó acerca de Weinstein le sorprendió “cómo usó los medios en contra de esas mujeres”. Habían circulado anécdotas en ese entonces de que filmar con Björk fue “difícil” en el plató. Pero ella dijo: “Fui muy minuciosa. Me presenté a cada toma a tiempo”, hasta que hubo una disputa en torno al control de su música.

“Cuando hablé acerca de este proyecto con Lars, siempre me prometió que yo tendría el control total de mi música”, dijo. “Pero cuando me presentaba a los ensayos de baile, alguien había estado editando mi música de una forma que estaba completamente mal, musicalmente. Y seguían diciéndome: ‘Ah, ahora nos pertenece a nosotros; ya no es tuya’”.

“Después de dos meses de asistir a todo y de aceptar todo el acoso y de convertirme en parte de todo eso —básicamente, solo seguía haciendo lo que me decían— tuve un fin de semana en el que me defendí. Podía rebelarme como música y decir: ‘No voy a regresar al trabajo el lunes a menos que tenga control total de mi música’. Y tan solo tomó un día. El lunes por la noche, dijeron que sí y el martes regresé a trabajar”.

Después de las publicaciones de Björk en Facebook, el asistente de Von Trier le dijo a la revista Rolling Stone: “Lars rechaza las acusaciones que ha hecho Björk, pero no desea hacer ningún otro comentario”. The Guardian reportó que Von Trier le había dicho a un diario danés que no la había acosado sexualmente. “Eso no sucedió”, le dijo al diario, Jyllands-Posten. “Pero definitivamente no éramos amigos; eso es un hecho”. Los intentos de contactar a Von Trier para que hiciera comentarios para este artículo no recibieron respuesta.

Björk describió un entorno laboral mucho más feliz durante la grabación de Utopia. Como Vulnicura, el nuevo disco no se parece a la música de la radio pop ni de los clubes de baile. A menudo es denso y desorientador, con capas de voces que se oponen, flautas y sonidos de percusión. Las canciones son análogas a la música de cámara y la experimentación electrónica del colaborador de Björk a lo largo del álbum, el músico electrónico venezolano Arca (Alejandro Ghersi), quien creció escuchando la música de Björk. “Conocía mi catálogo de canciones mejor que yo”, dijo.

Björk en una escena de “Dancer in the Dark.” La artista dijo que enfrentó acoso sexual por parte del director del filme, Lars von Trier, en el plató. Credit Fine Line Features

Arca, quien también ha trabajado en canciones de Kanye West y la cantante de R&B Kelela, se unió a Björk a mediados de la grabación de Vulnicura y participó en su gira mientras llevaba a cabo sus propios proyectos prolíficos. Mientras que los muchos coproductores previos de Björk han sido enlistados para ayudar a ejecutar sus ideas, Utopia es más cercano a una colaboración total.

“La diferencia fue que Alejandro y yo nos fusionamos”, dijo Björk. “Sentimos que podíamos escribir cincuenta álbumes porque fue muy divertido. Al principio, nos sorprendimos mucho porque entre nosotros la brecha generacional es muy grande, y después creímos que, filosóficamente, compartimos muchas cosas. Y hay un optimismo y un elemento de celebración en nuestra obra musical, algo que de verdad nos gusta”.

Arca la guió con cuidado hacia sus canciones favoritas y menos conocidas, ambas instrumentales: “Ambergris March”, de la banda sonora de Drawing Restraint 9, y “Batabid”, un lado B de 2001. Hay ecos de ellas en sus nuevas canciones. “Me estaba reflejando un lado de mí que probablemente habría ignorado”, dijo Björk. Mientras tanto, para el canto de las aves que quería, Björk eligió especies grabadas en Venezuela, el país natal de Arca.

“Nos estábamos enviando miles de ideas… fue como jugar un juego con alguien”, comentó Björk. “Es muy interesante comunicarse en tantos niveles. Le decía, cuando estaba siendo una nerd de la música al principio de este álbum: ‘Si vamos a fusionarnos como dos músicos, hagamos algo extraordinario. Intentemos no basarnos en la estructura normal de una canción, sino unámonos de una manera muy instrumental. Seamos libres’”.

Björk a menudo ha basado cada álbum en una paleta sónica particular: cuerdas para Vulnicura, la voz humana para Medulla, los sonidos entrecortados y angelicales del arpa, la celesta y las cajas de música en Vespertine. Para Utopia, Björk recurrió a la flauta, el instrumentó que tocaba cuando era niña. “Mi lado de la flauta ha estado dormido durante mucho tiempo”, dijo.

Para grabar la música que había compuesto en su computadora, Björk reunió una orquesta de una docena de flautistas, todas mujeres, para “Flute Fridays” en Reikiavik. “Intenté sacar tantos colores de las flautas como fuera posible”, dijo. “Les puse distintas configuraciones de micrófono. A veces tuve doce flautas, a veces seis. Hubo una flauta contralto, una flauta de contrabajo, una flauta tenor. Están muy procesadas, con muchos efectos, o muy limpias, sin ninguna modificación.

“Fuimos a varias iglesias en Reikiavik, intentando obtener el sonido adecuado”, agregó. “Además, grabé muchas de las flautas en mi cabina al lado del lago… intentando crear un mundo donde hay gente que pasa el rato en tu sala, tocando la flauta, cantando y creando beats, pero es parte de la vida real”.

El puente entre Vulnicura y Utopia es “The Gate”, que Björk ha lanzado como el primer sencillo del álbum y como un videoclip caleidoscópico, inundado de gráficos computacionales, pero de alguna manera también pastoral. Canta acerca de la sanación de la herida en el pecho que mostró en la portada de Vulnicura, y cómo se convierte en un portón de amor, conforme la canción asciende a un coro ferviente: “Me preocupo por ti, me preocupo por ti”. Otro “manifiesto”, según Björk, es “Body Memory”; en sus versos, piensa tanto que los convierte en problemas solo para que, en los coros, la salven sus instintos.

Sus nuevas canciones también absorben los placeres más inmediatos de la música y del romance floreciente. En “Blissing Me” canta acerca de “dos músicos nerds que se obsesionan”, enamorándose al “enviarse varios MP3 entre sí”. En “Courtship” explora las citas a través de software. “Me rechazó/Entonces yo rechacé a otro/ quien a su vez la rechazó a ella”, canta, por encima de acordes construidos a partir de flautas y explosiones de percusión balbuceante que insinúan distantemente el sonido de la música tecno.

Aún hay un resentimiento y una pena persistente en canciones como la desafiante “Sue Me” y “Tabula Rasa”, y pensamientos más amplios de consuelo en “Loss”, una melodía elegíaca llena de ritmos frenéticos. Pero Björk quería que el álbum mirara hacia delante. “Vulnicura fue el final del capítulo; este es el inicio de uno nuevo”, dijo.

“Pasas por distintas etapas en tu vida. Sería lindo si tan solo pudiéramos averiguar una receta que funcionara a través de toda la vida. Pero afortunada o desafortunadamente, según cómo lo veas, la mayoría de las cosas no duran mucho y debes repensarlas, ya sea en el plano práctico, emocional, espiritual o en el que deba ser”, explicó la cantante.

“En el comienzo de cada periodo, debes soñar. Debes decir: ‘Ah, quiero…’, y al principio podría sonar muy utópico. Pero si la mitad de eso se hace real, es un buen comienzo. Pero también debes pensar qué quieres hacer a continuación”, agregó.

Conforme la entrevista veraniega se iba acabando, la tarde de pronto se oscureció; hubo un estruendo de truenos y comenzó una lluvia pesada. Björk sonrió al oírla. “Toda la tensión se ha liberado”, concluyó.

NYTimes

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