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NYTimes: Por qué los líderes autoritarios no abandonan el poder sino hasta el final

Robert Mugabe en 2008 | Credit Mike Hutchings/Reuters

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Después de que Robert Mugabe, el autócrata de Zimbabue que estuvo en el poder durante casi cuatro décadas, anunció que renunciaría a su cargo el pasado 21 de noviembre, pronto comenzaron a rondar las preguntas sobre qué pasaría con el héroe de guerra convertido en presidente.

Si la historia es una guía, la vida después de estar en el poder no es fácil para muchos dictadores, lo que puede complicar los esfuerzos por hacer que se retiren.

Ya sea para evitar que se les procese, para mantener la riqueza que obtienen mediante la corrupción o, en algunos casos, para evitar morir a manos de sus adversarios, muchos líderes autoritarios se aferran a su cargo. Este es un vistazo a los casos de algunos hombres poderosos que cayeron y lo que les sucedió después:

Charles G. Taylor, Liberia

Charles G. Taylor durante su audiencia de condena en 2012 Credit Foto del pool por Toussaint Kluiters

Taylor es un ejemplo de lo difícil que puede ser para un dirigente autoritario retirarse de manera pacífica. Taylor, un excaudillo militar que se convirtió en presidente de Liberia, dirigió el país de 1997 a 2003. Finalmente renunció después de la intervención de líderes internacionales —y de que le prometieran asilo— durante un proceso de conversaciones por la paz entre el gobierno y facciones rebeldes con la intención de terminar con la guerra en Liberia.

“La historia será amable conmigo”, dijo Taylor cuando renunció, antes de que el presidente de Ghana lo escoltara fuera del país. Taylor se fue a Nigeria, donde se le ofreció asilo. “He aceptado el papel del cordero elegido para el sacrificio”.

Sin embargo, las cosas no resultaron como Taylor esperaba.

Durante un tiempo vivió en el exilio en Nigeria junto con decenas de parientes, financiando su estilo de vida con dinero que, se cree, robó del tesoro liberiano. La presión para que fuera arrestado creció, por lo que terminó enfrentando un juicio en una corte internacional por crímenes de guerra debido a su papel en la guerra civil de una década en el país vecino de Sierra Leona, y fue acusado de asesinato, esclavitud sexual y uso de niños como soldados.

Taylor fue sentenciado a cincuenta años en prisión. Fue la primera vez desde los juicios de Núremberg que un antiguo jefe de Estado era declarado culpable por un tribunal internacional.

Hosni Mubarak, Egipto

Hosni Mubarak durante su juicio en 2013 Credit Associated Press

Otro ejemplo de un gobernante que estuvo en el poder durante muchos años, se retiró y acabó enjuiciado.

Mubarak fue el presidente de Egipto durante 29 años, pero enfrentó un levantamiento popular durante la Primavera Árabe de 2011. Después de 18 días de protestas a gran escala en las que miles de personas se manifestaron a diario en la Plaza Tahrir de El Cairo, Mubarak dejó el cargo en febrero de 2011.

Solo dos meses después, el gobierno militar al que le había entregado el poder lo arrestó. La nación exigía que se le hiciera responsable por las violaciones a los derechos humanos y la corrupción durante las décadas de su mandato.

Fue juzgado por varios cargos y en algunas ocasiones lo llevaron a la corte en una cama de hospital. Pasó buena parte de los siguientes seis años en un limbo legal que terminó al ser sentenciado por un cargo de corrupción. Después de esos seis años en custodia —algunos en el hospital y otros en la prisión Tora de Egipto—, fue liberado este 2017 y escoltado por una guardia armada a su mansión en el vecindario de Heliópolis, cerca de El Cairo.

Muamar Gadafi, Libia

La situación de Gadafi es distinta: muestra los riesgos de quedarse en el poder durante demasiado tiempo.

Gobernó Libia durante 42 años y luego llegó la Primavera Árabe.

Bajo Gadafi, las fuerzas de seguridad libias dispararon contra manifestantes opositores que se reunían en las calles de Bengasi, la segunda ciudad más grande de Libia. El levantamiento popular en su país se propagó con rapidez y, cuando Gadafi se negó a irse, las protestas derivaron en una guerra civil a gran escala que finalmente atrajo la intervención internacional. A principios de 2011, Gadafi juró morir como mártir, luchando por mantener el control de Libia.

“Pelearé hasta la última gota de mi sangre”, le dijo al país en un mensaje televisado.

El dictador siguió desafiante incluso después de que quedó claro que no mantendría el control de su país, cuando los rebeldes invadieron su complejo estilo fortaleza y tomaron el control total de Trípoli en agosto de 2011.

Solo unos cuantos meses después, en octubre de 2011, Gadafi murió a manos de los grupos rebeldes mientras trataba de huir.

Joseph Kabila, República Democrática del Congo

Joseph Kabila, el presidente de la República Democrática del Congo, aún está aferrado al poder. Se suponía que dejaría su cargo en diciembre de 2016, al final de su segundo mandato y como lo marca la constitución. Sin embargo se negó, y, con ello, echó a andar una prolongada crisis política y económica en su país.

La decisión de aferrarse a la presidencia probablemente tiene menos que ver menos con el deseo de dirigir al país como con el miedo por su seguridad y su riqueza.

Entró al cargo en 2001 luego de que su padre, Laurent-Désiré Kabila, fue asesinado. Desde entonces, ha sido ampliamente acusado de sumar una fortuna a expensas de los fondos públicos.

Los investigadores y algunos funcionarios del gobierno dicen que Kabila ha saqueado millones de dólares del Estado y que sabe que si deja su cargo se expone a ser juzgado por corrupción, violación de los derechos humanos y enriquecimiento ilícito. Las elecciones se han pospuesto para diciembre de 2018 y no está claro si tendrán lugar.

NYTimes

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