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Muere a los 89 años el actor Martin Landau

El actor, ganador de un Óscar y nominado en varias ocasiones a esos premios, murió este sábado de “complicaciones inesperadas” tras una hospitalización breve en un centro médico de la Universidad de California.

AFP

Landau, nacido en el barrio neoyorquino de Brooklyn, falleció el sábado por las inesperadas complicaciones que sufrió durante un ingreso en un hospital de Los Ángeles, de acuerdo a un comunicado de su representante, Dick Guttman.

“Estamos superados por la tristeza al informar de la muerte del icónico actor Martin Landau”, explicó Guttman. “Acababa de celebrar su 89 cumpleaños”.

Landau comenzó su carrera sobre los escenarios de Broadway, hasta que en 1959 hizo su debut cinematográfico de la mano de Alfred Hitchcock en la película “Intriga internacional” –también conocida como “Con la muerte en los talones”–, junto a Gary Grant y Eva Marie Saint.

Posteriormente participó en la oscarizada “Cleopatra” (1963) con Elizabeth Taylor y Richard Burton, “La más grande historia jamás contada” (1965) y “Nevada Smith” (1966) con Steve McQueen.

 

Ese mismo año entró a formar parte del elenco de “Misión Imposible”, serie en la que interpretó al maestro del disfraz Rollin Hand y en la que también actuó su esposa, Barbara Bain. Ganó un Globo de Oro y fue nominado a tres Emmy.

En los 80 volvió triunfante a la gran pantalla con “Tucker: Un hombre y su sueño” (1988), de Francis Ford Coppola, y “Crímenes y pecados” –también conocida como “Delitos y faltas” (1989)– de Woody Allen. Por ambos papeles de reparto fue nominado al Óscar.

Pero no ganó la ansiada estatuilla a Mejor actor secundario dorada hasta 1995 por el biopic “Ed Wood” de Tim Burton, en el que encarnó a Bela Lugosi.

En los últimos años actuó en las exitosas series de televisión “Entourage” y “Without a Trace”. 

T13

 

Nota Biográfica:

Landau, el hombre y su cine

por José María Aresté

Martin Landau

Trabajo, trabajo, y más trabajo. Martin Landau es un actor al que nadie le ha regalado nada. Consciente de su talento y de sus posibles limitaciones, ha desarrollado una carrera admirable, en teatro, televisión y cine, con un puñado de papeles sencillamente memorables.

Martin Landau nació el 20 de junio de 1928 en el neoyorquino barrio de Brooklyn, en Estados Unidos, en el seno de una familia judía. Hombre de altura, más de un metro noventa de estatura, como actor estaba destinado a destacar como secundario de lujo, pero sería poco a poco, tras una dilatada carrera donde fue muy importante su etapa televisiva.

No parecía su destino ser actor, pues con 17 años fue fichado como ilustrador y caricaturista en el New York Daily News. Para nada fue una tarea desempeñada durante un par de semanas, cinco años nada menos dedicó a ilustrar las columnas de Billy Rose, o a colaborar en la tira cómica “The Gumps” -no nos consta que hubiera un Forrest entre los Gumps- de Gus Edson. Sin embargo su deseo íntimo era ser actor, lo que no parecía tarea sencilla por su aspecto larguirucho y desgarbado. Pero el caso es que en 1951 debutó en los escenarios con “Detective Story”, la obra de Sidney Kingsley que William Wyler llevó al cine ese mismo año con Kirk Douglas de protagonista con el título de Brigada 21. No fue, desde luego en un gran teatro, y sólo en 1955 logró ser aceptado como alumno de Lee Strasberg en el Actor's Studio, el mismo año en que otro aplicado estudiante, Steve McQueen, había presentado su solicitud para formarse en tan prestigiosa institución. Con los años, él también sería maestro de actores, Jack Nicholson y Anjelica Huston serían algunos de los que se beneficiarían de sus valiosas lecciones.

Los años 50 vieron a Landau paseándose por distintos shows televisivos –Playhouse 90, Studio One, Omnibus– y en el off-Broadway. La cosa era avanzar pasito a pasito, y en 1957 debutaba ya en Broadway, con “Middle of the Night”, obra de Paddy Chayefsky. Acabando la década llegó un gran momento de cine, su villano caído en el monte Rushmore en Con la muerte en los talones (1959), estupenda oportunidad a las órdenes del mago del suspense, Alfred Hitchcock. Y, suma y sigue, empezó a hacer personajes secundarios, ese mismo año 1959 en La cima de los héroes y Un muerto recalcitrante.

En lo referente a su vida personal, en 1957 se casaba con la también actriz Barbara Bain, a la que permaneció unido hasta 1993, año en que se separaron. Fruto del matrimonio fueron dos hijas, también ligadas al mundo del cine.

Landau había alcanzado, pues, una posición, el trabajo no le faltaba. En cine le vimos en género histórico –Cleopatra (1963), el Caifás de La historia más grande jamás contada(1965)-, bélico –La batalla de las colinas del whisky (1965)-, western –Nevada Smith (1966)-, a la vez que estaba en las series televisivas más populares, como Misión imposible, La ley del revólver, Colombo, Superagente 86, e incluso protagonizó una de ciencia ficción, Espacio: 1999, donde era el carismático capitán Koenig; quizá fue el modo de resarcirse de que el doctor Spock de la saga Star Trek, papel que se diría le encaja a la perfección, fuera encarnado por Leonard Nimoy. Ya acabando los 70 se apuntó al género catastrofista con Meteoro (1979).

Ya he comentado que el físico de Landau no era el ideal para ser una estrella. Y en los 80 lo que podía haber de estrella parecía declinar. Hasta que en 1988 brilló a las órdenes de Francis Ford Coppola en Tucker, un hombre y su sueño (1988). Igual que este film era un canto al idealismo y al optimismo creativos, el actor, que contaba entonces 60 años, pareció vivir una segunda juventud, su aspecto de hombre sabio y con experiencia le ayudó a obtener sabrosos papeles. Como sexagenario fue descubierto por un buen puñado de cineastas. Uno de ellos fue Woody Allen, que le dio protagonismo en la inquietante Delitos y faltas (1989), film que abordaba magistralmente la cuestión de la moralidad de los actos y la conciencia imposible de ser acallada. En poco tiempo estaría en dos películas sobre eso que se ha dado en llamar “cine dentro del cine”. Gente de Sunset Boulevard (Barry Primus, 1992) era una desigual sátira sobre Hollywood, pero donde realmente brilló fue encarnando a un Bela Lugosi entrañable, adicto a las drogas pero amigo de sus amigos, en Ed Wood (1994), joya sin paliativos de Tim Burton que dio al gran Landau su único Oscar. Sus trabajos para Coppola y Allen lograron sendas nominaciones, pero no se transformaron en estatuilla, en cambio a la tercera fue la vencida.

A partir de este momento fue reclamado con asiduidad. Incluso para protagonista, en el papel de Geppeto, en Pinocho. La leyenda (1996), una adaptación no muy brillante de la obra del muñeco de madera que cobra vida de Carlo Collodi, y que tuvo hasta una secuela. Pero casi siempre eran roles secundarios, junto a actores muy populares, en cintas como City Hall (1996), Expediente X: la película (1998), Rounders (1999), Shiner (2000), The Majestic (2001)… Trabajador nato, sigue activo a día de hoy, aunque no sea en película y/o papeles muy brillantes. Entre lo último que ha hecho se pueden señalar City of Ember (En busca de la luz) (2008), donde aparecía algo desganado, y series televisivas como Sin rastroy El séquito.

DeCine21

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