Opinión

Margarita en estado de sitio por terror a cacerolazos

No hay dudas, Maduro y su gobierno quedaron en estado de shock por el cacerolazo de que fue objeto el primer mandatario el dos de septiembre pasado en la Urbanización Villa Rosa de Porlamar.

Un suceso no bien aclarado aun, pues hay fundadas sospechas de que, la mayoría de quienes acompañaban a Maduro, si no participaron, al menos sintieron un fresquito de que el principal responsable de la catástrofe humanitaria que hoy vive Venezuela, le dieran su “tente acá”.

Y no hablo de que hubo una conspiración en la que, se dice, estaban comprometidos desde sus acompañantes del PSUV, hasta el jefe de la Casa Militar, pasando por el gobernador, Mata Figueroa, sino que, simplemente, dejaron que los habitantes de Villa Rosa lograran el milagro de que Maduro oyera por fin el furioso rechazo que le provoca a la gente de la isla y de este país.

Pero fue pedir peras al olmo, porque la misma noche se inició en Margarita una represión que ya cuenta centenas de margariteños detenidos, torturados y secuestrados como el colega, Braulio Jatar Alonso, cuyo paradero se ignoraba al momento de escribir estas líneas.

Sin embargo, no terminó ahí la reacción vengativa de un humillado Maduro contra los autores del primer caso en la historia en que un presidente es expuesto de manera pública y notoria al desprecio público, sino que ahora, aprovechándose de que en Margarita se celebra una fulana cumbre de países No alineados (Noal), pues tiene la isla en un estado de sitio abusivo, aberrante y criminal.

Al respecto, las noticias que llegan de Margarita son alarmantes y hablan de alcaldes y concejales allanados y detenidos, aeropuertos y puertos tomados por bandas armadas, ciudades vigiladas y cárceles abiertas para cualquiera que, según el Sebin, es sospechoso de portar cacerolas, pero no para cacerolear a un Maduro al que ya le dieron con todo, sino a los invitados a la cumbre de los países No Alineados.

Que no serán muchos -porque ya Maduro apesta hasta a los que fueron sus aliados-, sino porque nadie quiere retrarse con un presidente que viajó en imágenes por el mundo golpeando a una doñita.
Violencia de género, llaman eso.

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