Cultura

Las referencias de ‘La forma del agua’: las dos historias de amor más hermosas

Tras el clamoroso éxito de La forma del agua en la última entrega de los Oscars, hay otra película y una canción, que, cada una a su modo, son dos de las historias de amor más hermosas de los millones de historias de amor que se contaron en el amado siglo XX. La película no es otra que La mujer y el monstruo (1954), una de las obras maestras del gran Jack Arnold, el rey de la ciencia ficción de los años 50, a la que Guillermo del Toro ya rindió un tributo con mucho menos acierto que ahora en Pacific Rim (2013). La canción no es otra que La Javanaise, una de las piezas más hermosas del también grandioso Serge Gainsbourg. Compuesta originalmente para Juliette Greco, todavía es ahora cuando una Jane Birkin ya anciana, pone en pie a sus auditorios cuando la entona para cerrar sus conciertos. Vayamos por partes.

Sally Hawkins, durante una escena de ‘La forma del agua’ FOX SEARCHLIGHT

 

La mujer y el monstruo contaba la historia de un equipo de científicos que se adentran en la Laguna Negra, un lugar mítico de la Amazonia. Entre los investigadores destaca la doctora Kay, la maravillosa Julia Adams en el papel de su vida. En un momento dado, nuestra fascinante bióloga -que es en sí misma todo un milagro de la biología-, agobiada por el calor, decide tomarse un baño en la laguna que es objeto de sus investigaciones. Luce a tal fin el bañador más sensual de todo el Hollywood de los años 50. Apenas se sumerge, es tanto el resplandor de su belleza que despierta de su sueño secular al monstruo de la laguna. Mitad humanoide, mitad anfibio, el ser, que además de monstruoso es un poeta, queda prendado de Kay.

Al cabo, este clásico de la edad de oro de la fanta-ciencia no es otra cosa que la más conmovedora de las versiones que ha dado la pantalla de La bella y la bestia, el cuento de hadas tradicional francés, cuyos orígenes, al parecer, se remontan a un texto latino del mismísimo Apuleyo.

Pese a sus gritos, pese al pavor que le causa semejante admirador cuando lo ve por primera vez; pese a que está prometida al doctor David Reed (Richard Carlson), en el fondo, cuando los científicos regresan a la universidad que les envía y el anfibio vuelve a su sueño secular, hay algo en él que también inspira a la bella Kay.

Algo que, desde luego, es mucho más dulce que la execrable necesidad que lleva a otros anfibios a ultrajar a las mujeres de una población costera de Nueva Inglaterra en Humanoides en el abismo (Barbara Peeters, 1980). Naturalmente, hubo muchas secuelas tras el éxito de La mujer y el monstruo. El propio Jack Arnold rodó la segunda y una de las mejores: La venganza del hombre monstruo(1955). Sin embargo, acaso sea Guillermo del Toro el único que ha sabido proponer la entrega de la chica a la bestia.

Ya hablando de la canción, ha contado para ello con una de las piezas más conmovedoras del repertorio de Gainsbourg, tan reivindicado en estos días. Antes de sus procacidades para las yeyés francesas, el gran Serge escribió una canción que hablaba de una historia de amor que habría de durar lo que durase una javanesa -un baile muy de moda en el París de los años 30-. En los días -o en las noches- en que se bailaba abrazados -“agarrao”, que se decía- eran frecuentes esas historias de amor que duraban lo que la pieza que unía a los bailarines. En La forma del agua, La Javanaise, en la voz de Madeleine Peyroux, impresiona desde el tráiler. Pidamos al dios Neptuno que el amor entre este nuevo anfibio y Elisa Espósito (Sally Hawkins) dure más que una javanesa.

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