Opinión

La venganza de Diosdado Cabello puede terminar de hundir al chavismo

Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo | Konzapata.com

 Otra historia. Pero no tan vieja. Es del año pasado. En la tribuna de oradores de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello se mofaba de quienes comenzaron a gritarle desde la galería y el palco de prensa. Ese día, Henry Ramos Allup salió con uno de sus discursos y lo ridiculizó. Cabello sabía de la constituyente. Sabía que ayudando a sostener a Nicolás Maduro, se sostenía a sí mismo. Pero la jugada no parece haberle salido bien. Hoy no es presidente de la constituyente, y en las calles lo que suenan son ruidos de sable.

Por Danny Leguízamo @DannyLeguizamo.- El régimen de Nicolás Maduro nació con plomo en el ala. Todo lo que mal comienza, mal termina. El dato malo en el arranque, ocurrió cuando Hugo Chávez lo designó sucesor y hubo toda una maniobra para que fuera presidente y candidato al mismo tiempo. Desde allí en adelante, ha tenido Maduro que ser un “sobreviviente”, en palabras de Juan Carlos Zapata. Ha ganado, en apariencia, muchas batallas contra la Oposición. Pero tampoco ha podido aniquilarla. Entonces llegaron las elecciones parlamentarias. Peleó el sobreviviente. Perdió el sobreviviente. Era un sobreviviente en terapia intensiva y estado casi comatoso. Pero el análisis de Maduro no puede ser con Maduro. Hay que incluir al que llaman “número 2”: Diosdado Cabello. Lo suyo no es perder el poder. ¿A quién le gusta eso? Tenía que aliarse con Maduro en lugar de empujarlo. Se radicalizó. Recorrió el Psuv en casi todos los estados. Giró. Tanto, que apareció en las encuestas como presidenciable a lo interno del chavismo. El sobreviviente en estado comatoso había ganado, en apariencia, un aliado del sector militar. Juntos, tendrían que lograr el objetivo: Sostenerse en el poder.

Pero, como dijimos, la Oposición tenía la Asamblea Nacional. Había que aniquilarla. Desde que perdieron esas elecciones, Maduro acaricia la idea de la constituyente. Eso lo escribimos en KonZapata y luego lo confirmó el propio dictador la madrugada del 31 de julio en la Plaza Bolívar. Entonces hay que volver a la historia. Otra historia vieja, pero no tanto. Es del año pasado, en el hemiciclo de sesiones del Parlamento. Se estaba sometiendo a discusión la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional. No cabía un alma en el palco de prensa. La galería estaba a reventar. Presidía la sesión nada menos que Henry Ramos Allup. Tocaba el turno en el derecho de palabra a Diosdado Cabello. Su calvario comenzó desde que Ramos mencionó su nombre. La galería y el palco de prensa se unieron en una sola rechifla. Cabello pronunciaba su discurso con una cara de satisfacción, aunque no debió sentirse muy cómodo en la posición de minusvalía, siendo ridiculizado por todo el hemiciclo. Más tarde, Ramos Allup se encargaría de propinarle una “paliza verbal” que nadie olvida. En esa tribuna, Cabello, con el rostro más encendido que nunca, miró hacia el palco de prensa y espetó:

-¡Ríanse! ¡Ríanse! ¡Yo sé que ustedes me quieren!

Todo lo que Cabello decía sonaba a amargura. Pero más que amargura, a próxima vendetta. La vendetta ya llegó. Cabello fue el factor que dinamitó las negociaciones. La constituyente va. Ahí está la constituyente. Una criatura horrenda. Un adefesio, pues. Pero esa es el arma del oficialismo que dispara misiles de largo alcance. Tendrá una duración de hasta dos años. Un cheque al portador con fondos ilimitados. Se instalaron el viernes pasado. Perdió Diosdado Cabello. No es presidente. No se iba a arriesgar Maduro. Su compañero es peligroso, de armas tomar. Y entonces:

-Prometieron ir contra Luisa Ortega. Ya lo hicieron. El defensor del pueblo, Tareck William Saab, ya es “fiscal general”, según ellos.

-Prometieron invadir el Palacio Federal Legislativo. Ya lo hicieron. No se va a mover una hoja en el Palacio sin permiso de Delcy Rodríguez, presidenta de la espuria constituyente. Iban también por el edificio administrativo del Parlamento, comúnmente conocido como “pajaritos”, allí, frente al CNE. Iban, porque ayer, Nicolás Maduro decidió lo contrario: Anunció en su programa dominical, que la sede administrativa de la constituyente será la Casa Amarilla. No se le hizo el milagro a Cabello. Aquí volvió a perder. Digan lo que digan, volvió a perder.

Y es que algo no termina de cuajar. Lo del fraude denunciado por la propia empresa Smartmatic le dio la vuelta al mundo en apenas horas. Ya lo deben saber hasta en el Polo Norte. Y entonces ayer se enrareció el clima. Se enrareció más de la cuenta. Iba a instalarse la “comisión de la verdad” que prometió Maduro el 31 de julio. También con poderes plenipotenciarios. Pero el país no amaneció normal. La “sublevación” para “tomar armas” de algunos oficiales de la Fuerza Armada, es un hecho que no termina de convencer a nadie.

Declaró Cabello. Aquí no pasa nada. Todo está en orden. Ya los agarramos. Y están confesando. Entonces comenzaron las teorías: “es un peine”, decían algunos dirigentes políticos en privado, sin estar seguros de lo que estaban diciendo. “Lo utilizarán como excusa para empezar una purga a lo interno de la Fuerza Armada”, decían otros, tampoco muy seguros del asunto. Y otros ya lo daban por hecho: “Es esto una auténtica rebelión”.

Sea lo que haya sido lo que ayer pasó, lo cierto es que la constituyente espuria tenía una velocidad. Una agenda. Un ritmo. Ayer pararon. No hubo instalación de la “comisión de la verdad”. El país solamente sabía de ruidos de sables.

Esta es una rara vendetta. Los resultados, aunque en apariencia dan la impresión de haber sepultado a la Oposición en el debate sobre las regionales y el evidente agotamiento de la calle, no son los mejores. La victoria sabe amarga. Tan amarga como aquel discurso de Cabello en la Asamblea Nacional.

Share:

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: