Opinión

La Primavera Árabe por fin llega a Arabia Saudita

El príncipe saudita Mohamed bin Salmán habla sobre la cruzada anticorrupción que ha desplegado y el proceso de reformas que busca restituir el islam hacia la moderación.

RIAD, Arabia Saudita — Nunca pensé que viviría lo suficiente para escribir esto: el proceso más importante de reformas en el Medio Oriente está sucediendo en Arabia Saudita. Sí, leyeron bien. Aunque llegué al inicio del invierno saudita, encontré al país atravesando la Primavera Árabe desde el punto de vista político.

A diferencia de lo sucedido en las otras Primaveras Árabes —que surgieron desde abajo y fracasaron desastrosamente, excepto la de Túnez—, esta va de arriba abajo, encabezada por el príncipe heredero de 32 años, Mohamed bin Salmán y, si tiene éxito, no solo cambiará la personalidad de Arabia Saudita, sino el islam en todo el mundo. Solo un tonto predeciría su éxito, pero solo un tonto no lo apoyaría.

Para entender mejor volé a Riad para entrevistar al príncipe heredero, conocido como MBS, quien no había hablado acerca de los extraordinarios eventos que sucedieron durante los primeros días de noviembre, cuando su gobierno arrestó a varios príncipes y empresarios sauditas por cargos de corrupción y los puso en una improvisada jaula de oro —el hotel Ritz-Carlton— hasta que acepten entregar sus ganancias obtenidas de manera ilícita. Eso no es algo que se ve todos los días.

Nos encontramos por la noche en el palacio de su familia en Ouja, al norte de Riad. MBS habló en inglés, mientras que su hermano, el príncipe Khalid, el nuevo embajador saudita para Estados Unidos, y varios ministros experimentados compartían distintos platillos de cordero y enriquecían la conversación con sus comentarios. Después de casi cuatro horas juntos, a la 1:15 a. m. me rendí ante la juventud de MBS, a quien le doblo exactamente la edad. Ha pasado muchísimo tiempo desde que un dirigente árabe me extenuaba con una descarga de ideas novedosas para transformar su país.

Comenzamos con la pregunta obvia: ¿qué está pasando en el Ritz-Carlton? ¿El objetivo de ese juego de poder es eliminar a sus rivales familiares y del sector privado antes de que su padre enfermo, el rey Salmán, le entregue las llaves del reino?

El hotel Ritz-Carlton en Riad CreditFaisal Al Nasser/Reuters

Es “disparatado”, me dijo, sugerir que su campaña anticorrupción fue una toma del poder. Señaló que muchos miembros prominentes que están en el Ritz-Carlton ya habían prometido públicamente ser aliados suyos y de sus reformas, y que “una mayoría de la familia real” lo respalda. Según él, lo que sucedió es lo siguiente: “Nuestro país ha padecido mucho a causa de la corrupción desde la década de los ochenta. Los cálculos de nuestros expertos señalan que aproximadamente el diez por ciento del gasto gubernamental era malversado cada año, de los niveles superiores hacia abajo. A través de los años, el gobierno lanzó más de una ‘guerra contra la corrupción’ y todas fracasaron. ¿Por qué? Porque todas comenzaron desde abajo”.

Así que cuando su padre, quien nunca ha quedado mancillado por cargos de corrupción durante sus casi cinco décadas como gobernador de Riad, ascendió al trono en 2015 (en un momento en el que el precio del petróleo iba a la baja), prometió detener todo eso: “Mi padre vio que no hay manera de que podamos seguir siendo parte del G20 y crecer con este nivel de corrupción. A principios de 2015, una de sus primeras órdenes fue recabar toda la información sobre corrupción… en los niveles altos. Su equipo trabajó durante dos años hasta que recabaron la información más precisa y señalaron doscientos nombres”.

El rey Salmán orando en una mezquita de la ciudad de Medina, este mes CreditReuters

Cuando todos los datos estuvieron listos, el procurador público, Saud al Mojib, empezó a actuar, dijo MBS, y explicó que a cada millonario o príncipe sospechoso se le dieron dos opciones al momento de arrestarlo: “Les mostramos todos los archivos que teníamos y, tan pronto como los vieron, cerca del 95 por ciento aceptó llegar a un acuerdo”, y firmaron la entrega de efectivo o acciones de sus empresas al tesoro hacendario saudita.

“Cerca del uno por ciento”, añadió, “fueron capaces de demostrar que están limpios y su caso se desestimó en ese momento. Alrededor del cuatro por ciento dijeron que no son corruptos y quieren ir a la corte con sus abogados. Según la ley saudita, el fiscal es independiente. No podemos interferir con su trabajo: el rey podría removerlo, pero él está dirigiendo el proceso… tenemos expertos asegurándose de que no haya empresas que se declaren en bancarrota”, con el fin de evitar el desempleo.

“¿Cuánto dinero están recuperando?”, le pregunté. El príncipe afirma que el fiscal dice que al final podrían ser “cerca de 100.000 millones de dólares en acuerdos”.

No hay manera, agregó, de desenterrar toda la corrupción si vas de arriba abajo, “así que debes mandar una señal, y la señal es: ‘No podrás escapar’. Ya estamos viendo el impacto”.

Hay mucho en juego para MBS en esta movida anticorrupción. Si la gente siente que en verdad está purgando la corrupción y que está depurando al sistema con trasparencia y dejando en claro a los futuros inversionistas extranjeros y sauditas que el Estado de derecho prevalecerá, realmente infundirá una gran nueva confianza en el sistema. Pero si el proceso termina percibiéndose como arbitrario, abusivo y turbio, dirigido más a concentrar poder y sin seguir el Estado de derecho, terminará generando un temor que pondrá nerviosos a los inversionistas extranjeros y sauditas de maneras que el país no puede permitirse.

La silenciosa mayoría saudita está harta de la injusticia de que tantos millonarios y príncipes estuvieran estafando a su país. Mientras que los extranjeros, como yo, preguntamos sobre el marco legal de esta operación, el ánimo de los sauditas con los que hablé era: “¡Pónganlos de cabeza, agítenlos hasta que el dinero caiga de sus bolsillos y sigan haciéndolo hasta que no quede ni un centavo!”.

Hombres entrando a la mezquita Alrajhi para la oración del mediodía, el mes pasado CreditTasneem Alsultan para The New York Times

Pero, ¿adivinen qué? Esta movida anticorrupción es la segunda iniciativa más inusual e importante lanzada por MBS. La primera es regresar al islam saudita a su orientación más abierta y moderna, que se desvió en 1979. Esto es, de regreso a lo que MBS describió en una reciente conferencia sobre inversión global como un “islam moderado, equilibrado, abierto al mundo y a todas las religiones, tradiciones y pueblos”.

Sé bien lo que sucedió ese año. Comencé mi carrera como reportero de Medio Oriente en Beirut en 1979, y gran parte de la región que he cubierto desde entonces fue moldeada por los tres grandes sucesos de ese año: la toma de la Gran Mezquita de la Meca por los extremistas puritanos sauditas —que denunciaron a la familia saudita en el gobierno como corrupta y vendida impíamente a los valores occidentales—; la Revolución Islámica Iraní, y la invasión soviética a Afganistán.

Juntos, estos tres eventos asustaron a la familia saudita reinante en ese entonces, y la empujó a tratar de asentar su legitimidad permitiendo a los clérigos wahabitas que impusieran un islam mucho más austero y lanzar una competencia mundial con los ayatolas iraníes para ver quiénes podían exportar más islam fundamentalista. No ayudó que Estados Unidos haya tratado de sacar provecho de esta tendencia usando a combatientes islamistas en contra de Rusia en Afganistán. En general, empujó globalmente al islam mucho más hacia la derecha y ayudó a gestar lo sucedido el 11 de septiembre.

MBS está en una misión para regresar al islam saudí al centro. No solo ha frenado la autoridad que tenía la temida policía saudita para amonestar a una mujer por no cubrir cada centímetro de su cuerpo, sino que ha permitido que las mujeres conduzcan. A diferencia de cualquier dirigente saudita anterior, está enfrentando ideológicamente a los radicales. Una mujer saudita de 28 años que fue educada en Estados Unidos, me dijo que MBS “usa un lenguaje diferente. Dice: ‘Vamos a destruir el extremismo’. No nos está endulzando el oído. Me está afirmando que el cambio es real”.

En efecto, MBS me explicó: “No escriba que estamos ‘reinterpretando’ el islam —estamos ‘restituyendo’ al islam a sus raíces— y nuestras herramientas más importantes son las prácticas del profeta y [la vida diaria] en Arabia Saudita antes de 1979”. En tiempos del profeta Mahoma, argumenta, había teatros musicales, mezcla entre hombres y mujeres, respeto por los cristianos y los judíos en Arabia. “¡Una mujer era la primera jueza comercial en Medina!”. Así que si el profeta aceptó todo esto, MBS pregunta: “¿Quieren decir que el profeta no era musulmán?”.

Luego uno de sus ministros sacó su celular y me enseñó fotos y videos de YouTube de Arabia Saudita en los años cincuenta: mujeres sin la cabeza tapada, usando falda y caminando con hombres en público, así como conciertos y cines. Era un lugar tradicional y modesto, pero no uno donde la diversión se hubiera desterrado, lo que sucedió después de 1979.

Si este virus del islam contrario al pluralismo y misógino que surgió de Arabia Saudita en 1979 puede ser revertido por Arabia Saudita, impulsaría la moderación por todo el mundo musulmán y seguramente sería bienvenida en este lugar, donde el 65 por ciento de la población tiene menos de 30 años. Un banquero saudita de mediana edad me dijo: “Mi generación se convirtió en un rehén en 1979. Ahora sé que mis hijos no serán rehenes”.

Participantes en la conferencia de inversión celebrada en Riad, en octubre CreditTasneem Alsultan para The New York Times

Arabia Saudita tendrá un gran camino que recorrer antes de acercarse a los estándares occidentales de libre expresión y derechos para las mujeres. Sin embargo, como alguien que ha estado visitando el país durante casi treinta años, me sorprendió enterarme que ahora pueden escucharse conciertos de música clásica occidental en Riad, que el cantante country Toby Keith dio un concierto para hombres aquí en septiembre, donde incluso cantó con un saudita, y que la soprano libanesa Hiba Tawaji será una de las primeras cantantes que ofrezca un concierto solo para mujeres, el 6 de diciembre. MBS me dijo que acaba de decidirse que se permitirá a las mujeres ir a estadios y asistir a partidos de fútbol. Los clérigos sauditas lo han aceptado.

Muchas de estas reformas están tan atrasadas que es ridículo. Sin embargo, más vale tarde que nunca.

Mohamed bin Salmán, príncipe de Arabia Saudita CreditFayez Nureldine/Agence France-Presse — Getty Images

¿Podrán MBS y su equipo lograr esto? De nuevo, no hago predicciones. Tiene sus debilidades y debe controlarlas, me dicen quienes lo conocen. Dicen que confía en un círculo muy estrecho de asesores que no siempre lo desafían lo suficiente y, además, tiene una tendencia a comenzar muchas cosas que no siempre termina. La lista es larga. Pero ¿saben qué? El menú no incluye la perfección. Alguien tenía que hacer esto —lanzar a Arabia Saudita al siglo XXI— y MBS aceptó el reto. Yo, por lo pronto, me pongo de su lado para que tenga éxito en sus esfuerzos reformistas.

Muchos jóvenes sauditas también lo hacen. Hubo algo que una empresaria saudita de 30 años me dijo que se me quedó grabado: “Tenemos el privilegio de ser la generación que ha visto el antes y el después”. Explicó que la generación previa nunca podría imaginarse que un día las mujeres pudieran conducir y la siguiente generación nunca podrá imaginar que hubo un día en que no pudieran.

“Yo siempre recordaré no poder conducir”, me dijo. El hecho de que a partir de junio ya no será así “me da mucha esperanza. Me demuestra que todo es posible: que este es un momento de oportunidades. Hemos visto cómo cambian las cosas y somos lo suficientemente jóvenes para hacer la transición”.

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