Opinión

La MUD y la ruleta rusa de otra negociación

Manuel Malaver

La única diferencia de la negociación que se celebra este fin de semana entre el gobierno y la MUD en República Dominicana y las dos anteriores realizadas por los mismos actores y en el curso del último año y medio, es que el gobierno iría más fortalecido para insistir en su empeño de que la MUD acepte sus propuestas y la MUD más debilitada para imponer las suyas.

Ello sería el resultado del error de la MUD de abandonar la calle a finales de julio después del gigantesco fraude perpetrado por Maduro en las elecciones para elegir diputados a la ANC y, del subsiguiente, al correr al matadero de unos comicios para gobernadores que tuvieron lugar mes y medio después y culminaron en una derrota colosal para la oposición electoralista.

Pero lo peor estaba por venir y fue el cisma que se produjo en las filas opositoras y que ha significado la aparición de dos oposiciones, una que insiste en las salidas electorales, los diálogos y las negociaciones y otra que proclama que “el regreso a la calle” es la única estrategia apropiada y posible para desafiar al régimen y terminar ejectándolo del poder.

En la primera militan, lógicamente, la MUD y los partidos que la integran (el G2: PM, VP, AD y UNT) y en la segunda, “Vente Venezuela”, “Alianza Bravo Pueblo”, “Soy Venezuela” y grupos genéricos de la llamada “La Resistencia”.

En realidad, nada diferente a lo que venía sucediendo en la oposición desde el 2014 cuando hizo su irrupción “La Salida”, solo que ahora un partido fundamental en la formación y lanzamiento de aquel movimiento, “Voluntad Popular”, hace ahora parte del G2 y Antonio Ledezma, quien era la tercera figura en “La Salida”, desde el exilio, pasó a ser la primera.

Cuál es la fuerza real y el futuro que espera a las dos oposiciones se decidirá este fin de semana, pues si la MUD sale de República Dominicana con “algo” en la mano, es indefectible que tomará un segundo aire, en cambio que si pierde en la ruleta rusa, no le quedará más remedio que pasar a mejor vida, retirarse de la política y cederle el mando a la nueva oposición.

En cuanto al gobierno, podría señalarse como el absoluto ganador de las contiendas del 2017 después de anotarse triunfos tan incuestionables como las regionales y la división de la MUD, pero muy al contrario, luce tan o más dividido que la oposición e incapaz de sacarle ventajas al éxito de mantener el control de las estructuras de poder estatales.

Pero es que, la catástrofe humanitaria con una hiperinflación que el viernes estaba cifrada en dígitos de 96.000 bs x 1 dólar, un aumento del costo de la vida de más de un 2000 por ciento anual y un desabastecimiento en alimentos y medicinas que ya traspasa el 80 por ciento, deja poco margen para otra expectativa que no sea una explosión social que puede aparecer en cualquier momento.

Habría que referirse, también, al aislamiento del gobierno en el orden internacional que se reduce al apoyo de Cuba, Nicaragua, Bolivia y algunas islas del Caribe en el continente, y a Rusia, Irán, China y grupos terroristas del Medio Oriente en Europa, Asia y África.

Sin embargo, no es sino la confrontación en el propio seno del gobierno y del PSUV entre el madurismo y los remanentes del chavismo, lo que está quitándole el sueño a Maduro, los cubanos y la pandilla de los GNB que los secundan y que, con toda propiedad, puede asociarse al “Cártel de los Soles” y forzándoles a una solución que los beneficie a la brevedad, pues, de otra manera, verían crecer una hidra que antes de fin año, o en el primer trimestre del próximo, daría al traste con el poder del sucesor del “Presidente Eterno”.

En esta tesitura, lo más importante a destacar es la ofensiva de Maduro en el tablero militar que empezó con su alianza, ya en firme y a fondo, con la alta oficialidad de la GNB, al darle la presidencia de PDVSA a un general de esa institución, Manuel Quevedo y cortándole el acceso a la principal industria productora de divisas del país, a los generales del Ejército que, en lo inmediato, ya no son el principal sostén del sucesor del “Presidente Eterno”.

En lo político, Maduro y su claque tampoco se han detenido y están amenazando con enfilar sus fuerzas contra el expresidente de PDVSA, exministro de Energía y Minas y embajador de Venezuela en la ONU, Rafael Ramírez, el cual, se había mantenido como un sobreviviente del chavismo clásico y aliado de otra pieza que pronto podrá también ser enviada al museo: Diosdado Cabello.

Por último, no se conocen las intenciones de Maduro en lo que se refiere a la economía, porque la estatocracia y sus efectos demoledores se mantienen intocados, pero no es descartable que después de la negociación de República Dominicana -y cualesquiera que sean sus resultados- se introduzcan cambios en áreas económicas supersensibles como la financiera.

En otras palabras que, si los resultados de la negociación de este fin de semana van a depender de las fortalezas de uno y otro factor, puede afirmarse que serían escandalosamente írritos pues, tan incapaz se revela la oposición para imponerle sus propuestas al gobierno, como el gobierno de imponérselas a la oposición.

Todo lo cual no quiere decir que no haya acuerdos sobre uno o dos puntos, los esencialmente “no políticos”, que se reduzcan a soluciones puramente sociales y, que, en cuanto dejarían inmodificadas las variables que afectan la permanencia del sistema, podrían prorrogarse hasta que se decida cuáles serían las condiciones en que celebrarían las próximas elecciones presidenciales del 2018.

De modo que, una posible cohabitación entre los partidos representados en la MUD y el régimen hasta diciembre del próximo año –y hasta más allá- estaría a la orden día y a la espera de que la negociación de Republica Dominicana de este fin de semana aporte algunas “soluciones” aunque sean como “distracción”.

Por el contrario, si el lunes los venezolanos amanecen con la noticia de que la negociación o diálogo terminó en otro fracaso no diferente a los dos anteriores, entonces podrían darse por terminado los días útiles de la MUD y su conversión o en una entelequia sin ninguna inserción en la “política real” o, como dijera recientemente Maduro parafraseando a los políticos de la IV República, “en un cadáver insepulto”.

Se ha soltado por ahí que “podría morir la MUD, pero que ello no tendría por qué significar la desaparición del G-4 (PM, VP, AD y UNT)”, pero se trata más de una ficción que de una realidad, puesto que, desconectar a la MUD de los partidos que la forman, luego de otro fracaso colosal es, literalmente, imposible.

Con lo que si nos podríamos encontrar, entonces, es con cuatro partidos opositores haciendo alianza coyunturales y eventuales, no pocas de las cuales podrían coincidir con la permanencia del status quo y, por tanto, “colaboracionistas” y “coexistencionistas”.

A la deriva y expuestos a naufragar juntos o al lado del régimen, pues su sobrevivencia en condiciones de que resulten piezas del engranaje dictatorial no puede asegurarse en una situación en que la dictadura colapse y sea sustituida por una auténtica y nueva coalición de partidos democráticos.

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