Opinión

Habla Andrade y tiembla “El Cártel de los Soles”

Es cierto que la Corte del Distrito Sur de Florida que el miércoles sentenció al teniente, Alejandro Andrade, a 10 años de cárcel por haber recibido sobornos por 1000 millones de dólares durante los años en fue Tesorero Nacional (2007-2010) ha circunscrito la causa al área eminentemente económica y financiera, pero sin que pueda descartarse que la investigación se extendió a temas mucho más sensibles para la legalidad y la estabilidad de la dictadura de Maduro, como pueden ser la política y la militar.

A este respecto no está claro si fue Andrade quien desde Venezuela se ofreció a las autoridades norteamericanas para suministrar información “sensible” sobre la administración chavista o si, ingresando a Estados Unidos como inmigrante, se le ofrecieron garantías como “testigo protegido” para que diera información sobre la corrupción financiera imperante en el régimen, pero lo cierto es que, su curriculum como un alto funcionario de la revolución, lo presentaba como un caso cuya información podía despejar cualquier duda que quedara sobre la naturaleza narcosocialista del chavismo y el madurismo.

Creo que Andrade, aparte de los sobornos que recibió como Tesorero Nacional, debió hablar mucho del “Cártel de los Soles”, la organización narcoterrorista que nació frente a sus ojos, que al principio estuvo constituida por generales de la Guardia Nacional y, después, cuando ya Chávez estaba en el poder, fue reforzada con generales del Ejército y comandantes de las FARC y es responsable, como hace poco más de un año lo denunció el expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, “del transporte del 100 por ciento de la cocaína que sale de Colombia hacia el exterior”.

Quiénes integran “El Cártel de los Soles”, quién es su jefe, cuáles son sus áreas de operaciones favoritas y dónde están los puertos que se usan para la salida de la cocaína por aire y por mar, lo debe haber refrescado Andrade, así como los autores de los crímenes que dieron cuenta de las vidas de dos de sus más connotados “mártires”: el teniente coronel y gobernador de Apure, Jesús Aguilarte Gámez y el general, Almidien Moreno.
Pero no solo con relación al “Cártel de los Soles” pudieron centrarse los interrogatorios de los agentes del FBI, la DEA y la CIA con el una vez “Zar de las Finanzas” venezolanas, sino también con relación a la creación, modus operandi e influencia de “La Banda de los Enanos”, organización creada desde los primeros años del gobierno de Chávez, pero sobre todo, después del frustrado golpe de estado del 11 de abril del 2002, para controlar al Poder Judicial, a la Fiscalía y al TSJ muy en particular.

Dicen que fue una idea del entonces vicepresidente, excanciller y exministro de la Defensa, José Vicente Rangel, quien le garantizó a su jefe, Chávez, crearle un Poder Judicial, una Fiscalía y un TSJ que respondiera a los intereses de la “revolución” y castigara a todos cuantos se alzaran contra ella.

Resultó otra organización criminal, como que de su seno salió el asesinato del Fiscal Danilo Anderson, y una maquinaria de extorsión a extremos de que, la inmensa fortuna de los principales magnates del gobierno como Andrade pueden deberse a sobornos, pero, igualmente, a extorsiones como las que han ejecutado magistrados, fiscales, jueces, abogados y funcionarios policiales y militares.

Entre los últimos, se han denunciado al “Pollo” Carvajal cuando fue director del DIM, y a Gustavo González López hasta hace pocos meses director del SEBIN y no debe olvidarse que Raúl Gorrín, el empresario y abogado acusado con Andrade en el juicio de la Corte del Distrito Sur de Florida y dueño de Globovisión, fue miembro prominente de “La Banda de los Enanos”, segundo de su jefe Mariano Díaz, antes de ser llamado por el Banco Canarias para que manejara sus relaciones con el todopoderoso Viceministro de Gestión Financiera, Tesorero Nacional y presidente del Bandes, Alejandro Andrade.

Fue con motivo de las operaciones que empezaron a hacerse en el 2008 con las llamadas “Notas Estructuradas” ofertadas por el Bandes, y que consistían en bonos garantizados por la solvente Venezuela del boom petrolero de bonos basura de economías con problemas de pago como Bielorrusia, Argentina, Bolivia y Ecuador y que, las casas de bolsa compraban a dólar oficial y después revendían a dólar libre a compradores que podían colocarlos en bolívares en el mercado paralelo.

Siguió después otro papel, “el dólar permuta”, un bono colocado en las casas de bolsa al dólar oficial para que después fuera venido en bolívares en el mercado paralelo a personas jurídicas y naturales y que fue la gota que rebasó el vaso y generó que, por órdenes de Chávez y Ramiro Valdés y ejecutada por el ministro de Planificación, Jorge Giordani, se cerraran las casas de bolsas y bancos como el Canarias, Stanford Bank y el Confederado se intervinieran y la buena estrella de Alejandro Andrade comenzará a eclipsarse al extremo de salir del gobierno, se fugara subrepticiamente a los Estados Unidos y está hoy contando cuentos que el Juez del Distrito Sur, Robin K. Rossemberg, no le creería a otro chavista que no fuera, Alejandro Andrade, alias “El Tuerto”.

Vástago del chavismo más original que pueda probarse, aquel que terminó de troquelarse con los subtenientes de la promoción “Tomás Montilla” de 1987, ocupando el puesto No 140 en un total de 216 alféreces, siendo el primero, Hermes Perkins Castillo, el 2 Diosdado Cabello, el 7, Jesse Chacón, el 82, José Gregorio Vielma Mora, y el 87, Jesús Raúl Álvarez Bracamonte.
Vale decir que, desde su ingreso a la Escuela Militar en 1982, Andrade empezó a codearse con la que después sería parte de la élite más exclusiva del chavismo, aquella en la que el “comandante eterno” confió para colocar en los puestos clave de su administración e incluso encontrar al hombre que debía sucederlo en el poder.

Fue un grupo de cadetes no solo captado por Chávez para “su” revolución en una proporción importante, sino que eran tan manifiestamente prochavistas y conspiraban tan abiertamente que, cuando el general, Carlos Julio Peñaloza, Comandante del Ejército, le llevó al presidente Carlos Andrés Pérez, en Miraflores, en 1991, la lista de los oficiales que conspiraban contra la democracia, los subtenientes, capitanes y tenientes de la promoción “Tomás Montilla” la integraban casi toda.

Pérez -he llegado a enterarme por un segundo general que estaba en la reunión-, cambió la conversación y pasó a otro tema, pero para darse cuenta la mañana del 4 de febrero de 1992 que ese día, cuando se negó a recibir y creer en la información de Peñaloza, había cometido el error más grande de toda su vida política.
Y es que Andrade, Cabello, Chacón, Vielma Mora y Álvarez Bracamente estaban entre los 1400 oficiales que, comandados por Hugo Chávez, se alzaron contra Pérez el 4-F, estuvieron a punto de derrocarlo y, si se rindieron, seis años después, en 1999, llegaron al poder para infligirle a Venezuela la más grande fractura que ha conocido en toda su historia.

Entre ellos estaba Alejandro Andrade, teniente retirado de 35 años, quién pagó cárcel por la rebelión con la cual comenzó su carrera a la presidencia, Hugo Chávez, fue sobreseído y empleado durante el gobierno del presidente Rafael Caldera en el Instituto Nacional de Geriatría, Inager, para devengar un sueldo que le permitiera sobrevivir, mientras se desempeñaba como jefe de seguridad del futuro presidente, quien le guardaba un afecto especial, casi paternal, pues por su culpa había perdido un ojo en una instalación deportiva de Fuerte Tiuna en el curso de un partido de béisbol de chapita.

Por eso lo llamaban “el tuerto Andrade” y Chávez lo protegía quizá para compensarlo de un accidente del cual no era culpable, pero que había sucedido y ya desde los primeros meses que inició su administración el teniente comenzó a desempeñar cargos menores pero con una vertiginosidad impresionante.

Así en mayo del 99 lo hace nombrar subsecretario de la recién elegida Asamblea Nacional Constituyente, lo mantiene en el mismo cargo en la Asamblea Nacional que surge de las elecciones legislativas del año siguiente y de allí a los pocos meses lo asciende a la presidencia del Fondo Único Social, FUS.

Son los años en que el comandante presidente involucra a la Fuerza Armada Nacional, pero fundamentalmente al Ejército, en la llamada política social, y para que maneje “los cobres”, para que asigne y distribuya los presupuestos, para coloque fondos de diversos volúmenes y destino está Alejandro Andrade, alias “El Tuerto”, cumpliendo las órdenes, sin detenerse en devaneos legales, en preguntas que no vienen al caso sino cumpliendo los dictámenes que vienen de arriba.

Comienza a nacer otra estructura de poder en Venezuela, una nueva burocracia, un sistema de gobierno que se aleja de la institucionalidad establecida en la Constitución del 61 y surge esta de nuevo cuño que simula afincarse en la del 99, pero es eminentemente personalista, militarista, basada en el voluntad del caudillo, del comandante y cuyos principales ejecutores son estos funcionarios que vistieron o visten de uniforme, con una formación castrense y, sobre todo, que se han distinguido por habérselas jugado todas por el presidente de la República en funciones.

Chávez revisa un día cualquiera la lista de estos elegidos y entre los primeros está Alejandro Andrade, alias “El Tuerto”.

Share:

Deja un comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: