Salud

El cambio climático causa muchas enfermedades, incluyendo las cardíacas

El cambio climático no sólo causa daños en el ambiente, también lo hace en las personas. Asma, rinitis alérgica, conjuntivitis, tos, Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), estrés, arritmia, ataques cardiacos, malaria, dengue, zika y chikungunya son algunas de las afecciones causadas por incendios, precipitaciones, inundaciones y aumento de temperaturas en todo el mundo.

Del 31 de mayo al 2 de junio se llevaron a cabo las Jornadas Científicas 2016 de la Policlínica Metropolitana de Caracas, que este año conmemoraron los 41 años de la institución. Para ello, invitaron a dar una conferencia a ingeniero Juan Carlos Sánchez, coganador del Premio Nobel de la Paz en el año 2007 y experto en temática ambiental, titulada Incidencia del Cambio Climático en la Salud.

El ingeniero explica que la alteración de la variabilidad natural del clima está ocasionando un aumento de las temperaturas, es decir más calor, en lugares donde antes abundaban las lluvias, como es el caso de algunos países de Latinoamérica; mientras que en otras zonas el efecto es lo contrario: las precipitaciones no cesan.

Estos cambios están alterando muchos componentes físicos del ambiente como calidad del agua, aire, ecosistemas y alimentos que terminan manifestándose en graves problemas de salud. Asma, rinitis alérgicas, conjuntivitis, tos y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, son algunas de las afecciones causadas por el humo de la quema de árboles y plantas.

Los problemas de las vías respiratorias se derivan cuando la calidad del aire se altera por la presencia de partículas muy pequeñas de 2,5 micrones de diámetro que al ser respiradas llegan hasta los alvéolos de los pulmones, generando irritación de vías branquiales, tos, dificultad para respirar, disminución de la función pulmonar, asma o bronquitis crónica, además de arritmias, ataques cardiacos no mortales y muerte prematura en personas con enfermedades cardíacas o pulmonares.

Las enfermedades cardiovasculares y los derrames cerebrales también están vinculados al cambio climático. Las inundaciones y deslaves se asocian con infartos de miocardio, fallecimiento cardiaco súbito y el desarrollo de cardiopatías inducidas por el estrés.

Asimismo, cuando una persona con condiciones médicas crónicas -diabetes, enfermedades cardiovasculares, entre muchas otras- cae en situación de damnificado, suele interrumpir su tratamiento médico, que termina  por exponer al paciente al riesgo de exacerbación de la enfermedad.

Otras de las afecciones causadas por el cambio climático son aquellas transmitidas por el agua y que son producto de la mala gestión de los sistemas potabilización, que puede trae la aparición de enfermedades como diarreas, gastroenteritis, cólera,  hepatitis A, polio, dengue, fiebre amarilla, arbovirosis, amibiasis, malaria, mal del Chagas, entre muchas otras.

El experto refiere que cuando las inundaciones y la sequía aparecen  suelen proliferar las enfermedades infecciosas ocasionada por un vector como es el caso de malaria, dengue, zika y chikungunya que se transmite con el zancudo Aedes aegypti.

Para Sánchez, el Estado debe implementar una política  pública que ayude a mitigar las consecuencias del cambio climático. Por ejemplo, advierte que los incendios continuarán debido a la sequía que afecta al país, por lo que insta a las autoridades a adquirir los equipos necesarios para combatirlos eficazmente.

En concreto, el especialista sugiere la compra de varios helicópteros contra incendios, que permitan apagar el fuego que cada año arrasa con miles de hectáreas de los parques nacionales del país.

Además, refiere que una reducción del consumo de gasolina y diesel reduce la emisión de contaminantes que afectan el tracto respiratorio.

El uso de aire acondicionado ofrece una protección eficaz al dengue, pero puede aumentar las emisiones de gases con efecto invernadero. En contraparte,  las centrales hidroeléctricas reducen las emisiones de gases de invernadero pero aumentan los criaderos de zancudos y, con ellos, las arbovirosis.

Las estrategias de mitigación deben considerar todos estos aspectos, concluye el investigador.

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