Cultura

El arco de Palmira renace en Londres

La réplica del monumento milenario destruido por Daesh viajará luego a Nueva York y Dubai

En mayo del año pasado Daesh clavó su bandera negra en Palmira, una joya arqueológica bimilenaria situada 217 kilómetros al Noreste de Damasco. Patrimonio de la humanidad de la Unesco desde 1980, la ciudad era antes de la brutal guerra civil de 2011 un importante reclamo turístico, con 150.000 turistas anuales. Tesoro de estilo greco-romano, con influencias sirias y locales, conservaba mil columnas, un acueducto, templos, 500 tumbas. Daesh aplicó la piqueta del fanatismo y destrozó el 20% de lo que allí había. La ofensiva de Al Asad con apoyo ruso le permitió recuperar Palmira a finales del mes pasado. Se cree que los yihadistas asesinaron a 280 personas en sus diez meses allí, entre ellas el arqueólogo jefe del monumento, decapitado a los 82 años.

Las imágenes que simbolizaron aquel horror fueron las de los salafistas destrozando las ruinas con martillos y explosivos, acreditando así que el antiguo imperio romano era más civilizado que el llamado califato del siglo XXI. El pasado octubre pulverizaron el Arco del Triunfo, de 1.800 años. Ayer los londinenses pudieron volver a verlo, gracias al ingenio de una fundación científica llamada Instituto de Arqueología Digital (IDA), con la que colaboran especialistas de Oxford y Harvard. Al calor de la Semana Mundial del Patrimonio, han levantado en Trafalgar Square, la plaza más emblemática de la capital, una réplica del arco a escala 2/3. Pesa once toneladas, tiene una altura de 5,5 metros y fue construido utilizando técnicas de 3D a través de fotos. Lo talló un robot en las canteras italianas de Carrara, empleando mármol egipcio.

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Durante seis horas se trabajó para montar el arco en Trafalgar Square, entre las dos fuentes, con la National Gallery enfrente y la columna de Nelson a sus espaldas. El martes 19 de abril, a la una de la tarde, se levantó la tela blanca que lo cubría, con centenares de curiosos inmortalizando el instante con sus móviles en una plaza siempre abarrotada. El maestro de ceremonias fue Boris Johnson, el político inglés más observado al haberse situado al frente de la campaña del Brexit y alcalde de Londres hasta el próximo mes. Johnson celebró la copia del arco como un triunfo «de la tecnología y la determinación» y «un desafío a los bárbaros».

Junto a la ambición rubia de la política británica estaba el director general de Museos y Antigüedades de Siria, Maamoun Abduklarim, quien hizo hincapié en que «Palmira no es un asunto solo sirio, es una herencia cultural de toda la humanidad».

La réplica estará el Londres solo tres días y luego se llevará a Times Square, en Nueva York, y a Dubai, para recalar al final en la propia Palmira. La obra, que al ser tan nueva tiene de cerca un inevitable aire un poco postizo, costó casi dos millones de euros. Algunos arqueólogos critican la iniciativa y creen que habría sido mejor destinar el dinero a recuperar el patrimonio sirio dañado. Pero como dice Alexandra Karenowska, la profesora al frente del proyecto, «sin las reconstrucciones algunos tesoros de la humanidad sería tragados por la arena del olvido».

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