Opinión

EDUARDO SEMTEI: “Seppuku” político

Es sorprendente, inusitado, el SEPPUKU en política, quizás en las artes militares y en la guerra tenga alguna vigencia y pertenencia pero en política nunca se muere definitivamente salvo mediante el uso de ese recurso. Nadie entiende por qué razones quiere el gobierno de Maduro escoger una muerte tal ritual.

Tuvo en sus manos todas las oportunidades. Exhibió un poder casi omnímodo. Las estadísticas y las encuestas lo adornaron una vez con las curvas más altas de aceptación. Pero todo se derrumbó. Todo lo derrumbó. Era tan simple. Sentarse a dialogar. Fijar las elecciones de gobernadores. Fijar las elecciones de alcaldes.

Las estadísticas y las encuestas lo adornaron una vez con las curvas más altas de aceptación. Pero todo se derrumbó. Todo lo derrumbó. Era tan simple. Sentarse a dialogar. Fijar las elecciones de gobernadores. Fijar las elecciones de alcaldes. El PSUV tiene en sus manos las encuestas de IVAD, HINTERLACES, DATÁNALISIS Y hasta unos estudios de la gente del Centro de Investigaciones Sociológicas de España (recomendación de PODEMOS y el pelúo de Iglesias) donde aparece claramente que el gobierno perdería, frente a la oposición, cualquier confrontación electoral 25% a 75%. Tiene una remota posibilidad de obtener dos gobernaciones: Vargas y Delta. Y en cuanto a la presidencia son minúsculas sus posibilidades, apenas un 9%.

En materia de elecciones para alcaldes obtendrían no más de 30 en todo el país. Seguramente algunos rojos-rojitos dirán que tales datos son un retrato de la actualidad y para nada vaticinan lo que pueda ocurrir en el futuro, siempre se pueden recuperar repiten vanamente, pues amigos todos, los indicadores económicos fundamentales predicen un caos económico, un desabastecimiento atroz, una inflación demoledora, una violencia generalizada, y en ese clima que se nos viene encima, el PSUV empeorará su posición y tenderá obviamente a estallar y desaparecer. Entonces Maduro debería sentarse tranquilo a pactar, a negociar, a dialogar con la oposición, a salvar lo que aún pueda salvar y no a enajenarse la condena del Vaticano, la vergüenza de los expresidentes y la liquidación moral de UNASUR.

Ya el Secretario de Estado del Vaticano a tono con un clamor universal le hizo saber al gobierno su preocupación por los presos políticos, las fechas electorales y equilibrio entre los Poderes Públicos. Ante tal carta de alarma no se le pudo ocurrir otra cosa al anti-héroe de Diosdado Cabello que vituperar al redactor de la misiva y retarlo a pelear públicamente. Los expresidentes no pueden sostener la cara que se les cae de vergüenza ante el mundo, a sabiendas que los han convertidos en testigos mudos y cómplices de los incumplimientos del Gobierno en lo referido a los acuerdos de la Mesa de Negociación y finalmente UNASUR convertida en una guarida de alcahuetas. Y Maduro parece no entender. Tiene ante sí la posibilidad de salvar su presidencia de una derrota aplastante si acepta adelantar 12 meses la elección presidencial.

Al propio tiempo no expone al PSUV a una desaparición forzosa y lo que es más importante se blinda con un sistema de Seguridad Jurídica que evite la persecución política generalizada y radical que podría presentarse de no llegar a ningún acuerdo en la Mesa de Diálogo, tienen años haciendo enemigos, pisando callos y abusando del poder, parecen esperar y hasta anhelar que en el proceso electoral presidencial salgan pulverizados.

Incluso tiene la posibilidad de pactar con la oposición el nombramiento de un vicepresidente que ofrezca objetividad, neutralidad y buena fe para ambos sectores. Si adelantan los acuerdos, si sostienen su palabra, si se sensibilizan frente a los hechos, todos saldríamos ganando, especialmente las grandes mayorías, dado que un cambio de gobierno traería nuevas esperanzas y modificación en las políticas económicas y sociales que sin lugar a duda mejorarían la confianza de los agentes económicos trayendo inversiones, crecimiento, abastecimiento y reducción de la inflación.

Y frente a ese panorama atractivo, desafiante, positivo, el PSUV se empecina en enrarecer el clima y procurar caminos de enfrentamientos, de violencia, de confrontación y batalla.

El PSUV todavía mantiene un porcentaje de aceptación como partido político ciertamente importante, la percepción de la obra de gobierno de Chávez es sorprendentemente alta, el propio Maduro todavía conserva un 19% de aceptación, esa fuerza existe, desconocerla o despreciarla no parece ser una opción inteligente. Maduro debe tomar conciencia de estos números y utilizarlos para curarse en salud, para garantizarse a él mismo y a los suyos una salida honorable del gobierno. Esa fuerza chavistoide, menguada pero viva, puede inutilizar cualquier obra de gobierno que esté en manos de la oposición actual.

El chavismo en oposición abierta, en confrontación generalizada, sin lugar reduciría las posibilidades de un temprano éxito económico y de un reagrupamiento de los venezolanos mediante la reducción drástica de la polarización.

La MUD y sus integrantes deben tener conciencia de esta realidad y tomarla en cuenta para sus estimaciones y cálculos políticos. No creo que ni el chavismo con una oposición concertada y bien dirigida, ni la oposición con un chavismo radicalizado y hasta anárquico puedan por sí solos ofrecer soluciones y alcanzar grandes metas. Pero increíblemente frente a todas estas realidades Maduro y compañía escogieron el SEPPUKO. No al diálogo.

No a la negociación. No al cambio de políticas económicas. No a una salida concertada de la crisis actual. Confrontar con la oposición. Confrontar con MERCASUR. Confrontar con el Vaticano. Confrontar con la OEA. Confrontar con la ONU. Confrontar con la Asamblea Nacional. Confrontar con los negocios de Sabana Grande. Insistir en el control de cambios. Insistir en el control de precios. ¿No es esto entonces un claro ejemplo de SEPPUKO? Lo malo del asunto es que todos los venezolanos estamos obligados a pagar el entierro.

*Eduardo Semtei. Analista, escritor y opinador de oficio. Fue diputado, director general de inversiones de Cordiplan y vicepresidente del CNE.
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