Tecnología

Cinco tendencias tecno que cambiarán el mundo más que Trump

Por primera vez, la conferencia tecnológica WebSummit salió de Dublín para aterrizar en Lisboa y la mudanza se ha saldado con un éxito rotundo. Clausurada en la tarde del jueves, su creador Paddy Cosgrave ha conseguido atraer al doble de personas (53.000 inscritos) que en su patria y promete 70.000 para el próximo año. De momento, ha agotado las entradas puestas a la venta para la próxima edición a un precio ganga de 300 euros.

Durante las cuatro jornadas han subido a los diferentes escenarios 663 oradores y, aunque buena parte de ellos son políticos y periodistas, de sus intervenciones y de la presencia de 200 start ups pueden extraerse algunas de las tendencias que van a marcar el futuro de aquí a diez años.

“Conectividad, inteligencia artificial y realidad virtual”, son las claves para diseñar el futuro de aquí a diez años. Es la opinión de Mike Schroepfer, jefe de tecnología de Facebook, que llenó el pabellón central de la feria, con capacidad para 15.000 personas.

Conectividad. No hay avance posible sin conectividad, antes se llamaba electricidad, ahora internet. En 1996 solo el 1% de la población mundial estaba ligada a la red, hace diez años era el 17,6% de la humanidad, ahora es el 46% de sus 7.400 millones de habitantes, pese a ello, el objetivo tanto de Facebook como de Google es llevar la conectividad al 100% de los rincones de la tierra.

Frente al envío de satélites, los dos grandes apuestan por sistemas más baratos y ecológicos. En el caso de Google con globos, Facebook con drones gigantes. Es el caso del Aquila,con la envergadura de un Boeing, con 42 metros de ala a ala, pero con apenas 500 kilos de peso, 340 veces menos que un avión, y consumo similar al de un microondas.

La primera prueba realizada este verano en Arizona ha sido positiva, pero el modelo era cinco veces inferior al real y, además, su operatividad se reduce a un par de semanas y el objetivo es de tres meses. Desde 15.000 metros de altura, Aquila envía conexión a la tierra con rayos láser. En cada territorio serán las empresas locales quienes den el servicio y los contenidos.

“La conectividad significa desarrollo”, según John Chambers, presidente ejecutivo de Cisco, empresa dedicada a las infraestructuras de red. “Cada mes, varios millones de indios salen de la pobreza y se integran en la clase media gracias a los avances del mundo digital”, explicó Chambers en la WebSummit.

Mientras la población internauta mundial creció el último año una media del 9%, en India creció un 40%; sin este país de 1.300 millones de habitantes, los nuevos internautas solo hubieran crecido el 7%.

Artificial, pero inteligencia finalmente. Una vez conectados ordenadores y teléfonos hay que hacerlos cada vez más listos. Innumerables aplicaciones de la feria buscaban capital para este campo. Es el caso de Perfometric, que es capaz de detectar y prever el cansancio de un trabajador en función de los errores, la presión o rapidez con su teclado. Una herramienta que puede prevenir fallos en los más variados campos de la actividad productiva.

Los robots aprenden a distinguir entre una cara sonriente y una cara ceñuda

Los robots, que circularán por nuestras calles y hospitales, necesitan que les llenen su cabeza de datos pero también que sepan interpretar la voz que les habla y la cara que les mira para ser realmente útiles y, además, traducir rápidamente a su lengua. Facebook y Google trabajan a destajo en esto, pues les va el negocio en ello. Hace seis años, el reconocimiento de las órdenes de voz en Google era del 70% ahora es del 90%.

No menos importante es la rapidez de la traducción. Facebook Live está en ello, pero también otras aplicaciones como Defined Crowd, centrada en la rapidez de los diálogos, imprescindible, por ejemplo, para que los robots ocupen todos los puestos de los call centers. El humano tiene los meses contados en ese sector de empleo.

Pero no es menos importante que los robots y los ordenadores interpreten la imagen que ven, nuestras caras y, fundamental, la raza de esa cara. Para un europeo mover la cabeza hacia arriba y hacia abajo es un sí, pero el mismo gesto de un pakistaní significa un no. Tampoco es lo mismo sonreír que fruncir el ceño. La empresa Affectiva ha llevado al ordenador la inteligencia emocional. Sus algoritmos distinguen medio centenar de muecas en los rostros, con diferenciación de sexos y de razas. Ya lo aplican las grandes marcas publicitarias para comprobar la respuesta a sus anuncios, o Hollywood. La reacción a sus tráilers les permite modificar la película antes de la distribución definitiva.

En 2020, la mitad de todas las órdenes al buscador serán por voz o por imagen

Hola, comunicación por vídeo, hasta luego, voz, adiós, textos.Paralelamente al desarrollo de la inteligencia artificial avanza la comunicación que no obliga a escribir. Ya ha comenzado con las órdenes a los asistentes virtuales de Google o Apple.Hoy, una de cada cinco búsquedas con un móvil Android es por la voz; en 2020 el 50% lo serán por voz o por imagen. En dos años, las órdenes a los asistentes de voz han subido en Estados Unidos del 30% al 65%.

Alcanzará su madurez la generación Z y los Millennials serán unos carrozas. Si estos (nacidos a partir de los 80) se adaptaron a trabajar a la vez con dos pantallas, la Z ha nacido este siglo ya con cinco bajo el brazo, su comunicación es vía imagen; no seleccionan ni distribuyen contenidos como los anteriores, sino que los crean o colaboran en ellos.

Es la generación Z la que está aupando a Snapchat y pasa del Facebook. En Estados Unidos, Snapchat ha pasado en un año de 2.000 millones de visionados de vídeos al día a 10.000 millones, más que Facebook. La audiencia de los premios musicales MTV fue superior en Snapchat que en televisión. La comunicación va a ser con imágenes en directo, como hacen ya Periscope y Facebook Live y la traducción instantánea de las palabras.

El bitcoin no ha desaparecido, ni mucho menos.  La moneda virtual cotiza al alza y aumenta su mercado

La banca soy yo. Square se ha empeñado en que los comercios adopten su sistema de pagos sin pagar comisiones a los bancos. Otra más, porque ya funcionan aplicaciones para transferir divisas entre empresas, como TransferWise, para prestarse dinero entre personas o para financiarse por cuestación pública, es la economía colaborativa en este caso con el crowfunding y el crowdlending. Y no, lo siento, el bitcoin no ha muerto; se cotiza a 717 dólares y las transacciones siguen aumentando. Como dice Peter Smidt, que ha fundado la plataforma de carteras de bitcoins Blockchain, más fluctuó la libra con el Brexit y ahora el dólar con Trump. Al final, el bitcoin es una moneda refugio para muchos inversores, de Venezuela a Irán.

La propiedad del coche está en franca decadencia y en diez años será compartido o autómata

Ni taxistas ni Uberistas. “El tradicional modelo de propiedad se está rompiendo”, anunció el pasado año Mary Barra, directora ejecutiva de General Motors. “Vamos a ver más cambios en los próximos cinco años de los que hemos visto en los últimos 50”. Ya se ha detectado que la generación Millennials no corre a sacarse el carné de conducir. En Estados Unidos ha bajado esa costumbre del 92% en 1982 al 77%. Hacer dedo vuelve a estar de moda, pero no hay que ponerse con un cartón y una guitarra en la carretera, apúntense en Internet. El éxito de BlaBlacar es absoluto. En Uber, que rompió con el monopolio del taxi, el 20% de todos sus servicios ya son para compartir ehículo (Uberpool), apenas dos años después de ofrecerlo. En Asia, el 50% de la población comparte el coche.

Pero en diez años hasta Uber quedará obsoleto por la implantación de los transportes autómatas y eléctricos, sin conductor o sistemas de transporte ahora en pruebas, sean de Google, de Tesla o de la reciclada industria del automóvil. Precisamente la WebSummit se cerró con los profetas Josh Giegel y Shervin Pishervan, creadores del Hyperloop, el sistema de transporte terrestre al vacío que mandará paquetes y personas a 1.000 kilómetros por hora. En un nuevo mundo donde el tiempo se paga muy caro, no se puede perder dos horas de vida al día conduciendo entre atascos.

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