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Celulares (no smartphone) y vehículos blindados: Es cómo los venezolanos lidian con la inseguridad

Los ladrones armados golpean las ventanillas de los automóviles que quedan atrapados en el tráfico y les dicen a los conductores: “Dame todo”. Los delincuentes les quitan los celulares y joyas a las personas que transitan por las calles. En las noches, los secuestradores persiguen a las personas hasta sus casas y les exigen rescates a sus familiares.

Vivir de forma segura en Caracas, una de las ciudades más peligrosas del mundo, requiere una cuidadosa combinación de planificación y precaución. A medida que la economía venezolana se derrumba, el aumento del crimen genera lo que el Observatorio Venezolano de Violencia, un grupo académico que monitorea los actos delictivos en el país, ha definido como un “sentimiento de temor permanente y callado”. Así es como cuatro residentes de clase media intentan mantenerse a salvo.

‘Ya no hay ningún lugar que puedas decir que es seguro’

Manuel Medina, 28 años, médico

Manuel Medina tiene lo que normalmente sería considerado como un trabajo codiciado: es jefe de cirugía de emergencia en el Hospital Universitario de Caracas. Muchos profesionales con experiencia han emigrado para trabajar en el extranjero, por lo que hay más oportunidades para jóvenes graduados recientemente, como es el caso de Medina.

La constante amenaza de los crímenes violentos lo ha obligado a plantearse salir del país pero, por ahora, procura evitar las vías de mayor tráfico y esconde su teléfono celular cuando maneja su automóvil.

“Es como si vivieras con un miedo constante a salir”, dijo. “Siempre estoy mirando por el espejo retrovisor buscando motorizados, porque esa es una de las principales formas en que te atacan”.

Siempre llevo conmigo mi celular de señuelo para evitar que me roben el que uso’

Alejandra, 38 años, madre de dos hijos

Alejandra, quien pidió que no se citara su apellido por motivos de seguridad, toma todos los días una ruta estratégica para dejar a sus dos hijos en la escuela, evitando las vías en las que podría encontrar mucho tráfico y correr el peligro de ser interceptada por un ladrón de automóviles.

Su familia mira varias cámaras de seguridad antes de abrir la puerta de su hogar. La propiedad está rodeada por una valla eléctrica y una puerta, y como regularmente hay cortes en el suministro eléctrico, Alejandra asegura con llave la puerta de su casa en las noches.

‘Si tienes una actitud despreocupada… vas a ser un blanco fácil’

Javier Cortez, 46 años, empresario de seguridad

Javier Cortez tiene una empresa de seguridad que ha sufrido a medida que la economía se derrumba. Pero Cortez puede darse el lujo de poseer uno de los sistemas de seguridad que vende y maneja un automóvil blindado.

“Uso vidrios polarizados por lo que ni siquiera se ve nada desde el frente”, dijo. “La camioneta me da la seguridad de que nadie me va a molestar”.

Dice que la delincuencia no le impide vivir su vida. No tiene miedo de caminar en la calle o hacer sus diligencias, pero solo lleva consigo lo esencial y se viste con sencillez. Cortez dice que su actitud es el elemento más importante de su seguridad personal. “La vida continúa, y lo que hay que hacer es estar atento, sin volverse loco”, dijo.

‘En el momento en que oscurece, quedas totalmente sola y es peligroso’

Emely Hatem, 26 años, estudiante universitaria

Los peligros de la delincuencia han cambiado muchos de los hábitos diarios de Emely Hatem. Ya no sale a los clubes para divertirse y pasa la noche en casa de sus amigos para evitar regresar sola a su casa. La matrícula de su universidad se ha reducido, porque los estudiantes temen volver a sus casas de noche, al terminar las clases.

Recientemente, un motorizado intentó robarla mientras estaba detenida en el tráfico, pero logró alejarse cuando se dio cuenta de que no estaba armado.

“La realidad es que todos estamos expuestos a eso”, dijo Hatem.

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