Salud

Azúcar y tabaco, al fin juntos: casi todos los cigarrillos lo incluyen y los hace más tóxicos

Hemos hablado largo y tendido de los procesos paralelos que emparentan a la industria del tabaco y a la del azúcar. En periodos de tiempo distintos, ambas lograron primero publicitar su producto entre la opinión pública aplacando las investigaciones científicas que señalaban sus efectos perjudiciales para la salud; y ambas sufrieron un paulatino proceso de censura y revisión por parte de los poderes públicos. Siempre por separado.

Pero resulta que sus destinos estaban más unidos de lo que muchos creíamos.

¿Qué? Son varias las investigaciones científicas que han acreditado el uso del azúcar en las cajetillas de tabaco. En 2012, un estudio comparado recopiló varios trabajos adentrados en la materia y concluyó que la introducción de diversos tipos de azúcares en los cigarrillos no alteraba ni sus efectos ni el grado de adicción. La industria lo utilizaba, en gran medida, para alterar y suavizar el sabor del tabaco.

Lo nuevo. A principios de este año, otro grupo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte analizó más a fondo la relación entre el tabaco y el azúcar. Conclusión: no menos del 80% de la industria estadounidense empleaba sacáridos de toda clase en casi todas sus marcas comerciales, llegando, en algunos casos, a ser el segundo ingrediente más importante de cada cigarrillo (después del tabaco, obviamente).

¿Qué azúcar? Procesado, en su mayoría. Las marcas incluyen sirope de maíz, sacarosa, etil maltol, azúcar moreno, miel, glucosa e incluso “una variedad de zumos de fruta concentrados” (manzana, higo o piña, entre otros). Pese a su nombre, los mentolados disfrutaban de mayores cantidades de azúcares que de mentol. Es decir, la industria tabacalera incluiría en sus productos las mismas clases de azúcares procesados que la alimentaria o la de bebidas refrescantes.

El estudio juzgaba negativa su inclusión. “Dado que los azúcares añadidos aumentan el atractivo, la toxicidad y el potencial adictivo, deberían tomarse medidas para la protección de la salud pública”.

No lo sabemos. Meses más tarde, el mismo equipo publicó otro estudiodonde analizaba las actitudes de más de 4.000 encuestados sobre el tabaco y el azúcar. La mayor parte de los fumadores (el 94,5%) no sabía que el tabaco incluía azúcar; y una mayoría aún más abrumadora (el 96,2%) desconocía que su inclusión podía tener efectos (aún más) perniciosos en su salud. Al endulzar el sabor del tabaco, la trampa del azúcar es doble.

“Los cigarrillos son peligrosos de formas tan variadas que es difícil para muchas personas ser consciente de todas ellas. Los científicos siguen encontrando nuevas formas en la que el tabaco daña y mata”, explicó a Reuters el líder de la investigación.

La tendencia. Su trabajo aúna dos industrias de sinos similares: tabaco y azúcar. Ambas, a largo plazo, perniciosas para la salud de sus consumidores (en el caso del azúcar, en función del tipo de azúcar del que hablemos, como vimos en su día). Defenestrado el tabaco, el cambio de actitud social hoy se está dando frente al azúcar. Hay quien reclama leyes que limiten su publicidad o impuestos específicos que frenen su consumo.

El tabaco, cómo no, ya incluía al nuevo caballo de batalla de la salud pública.

Fuente: MOHORTE

ImagenАнтон Воробьев/Unsplash

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