Opinión

Las mentiras deliberadas de Podemos

Pablo Iglesias, en un acto político en Madrid.

Por Teodoro León Gross

La formación de Iglesias cruza todas las líneas y se inventa una división de bloques monárquico y demócrata

En un estudio reciente de psicología cognitiva, Briony Swire-Thompson (Western Australia University) planteó a dos millares de ciudadanos estadounidenses un par de afirmaciones sobre una creencia absurda: ‘Las vacunas provocan autismo’ y ‘Donald Trump afirma que las vacunas provocan autismo’. Los partidarios de Donald Trump asumían la afirmación con una convicción plena cuando llevaba el nombre de su ídolo político. Al hacerles comprender su inconsistencia, rectificaban, pero unas semanas después, tras volver a plantearles la cuestión, de nuevo creían ciegamente en las palabras de Trump. El estudio de Swire-Thompson documenta, como concluye Yudhijit Bhattacharjee en National Geographic, “la ineficacia de la información”. Y esto es lo que inquieta ante mentiras como la campaña de Podemos sobre el Procés. No que mientan con un descaro equivalente al de Trump sobre las vacunas, sino que hay cinco millones de almas dispuestos a creer aquello que enarbolen Iglesias y sus pretorianos.

Cuando ayer Echenique proclamó que “se ha suspendido la democracia”, descargaba la primera de las balas diseñadas ad hoc para el momento crítico del 155. Ese mantra atravesó las redes sociales como si fuera la tamborrada de Calanda. Sería inútil detenerse a razonar, como en el estudio de Swire-Thompson, que en una democracia suspendida Podemos no daría esas ruedas incendiarias, o que por la tarde no se habría convocado una manifestación de organizaciones lideradas por dos acusados de sedición, o que Puigdemont no tendría una comparecencia a su gusto en televisión, o no se respetarían escrupulosamente los plazos del 155 a riesgo de perder la iniciativa… Todo esto es sencillamente obvio. Podemos ha desplegado una batería de mentiras deliberadas, eslóganes de laboratorio perfectamente medidos, sin escrúpulos, para alcanzar sus objetivos. Irene Montero:: “PP-PSOE-Cs usan la C78 para romper los puentes”. Ramón Espinar: “Rajoy quiere humillar a Cataluña”. Echenique: “Felipe VI ha reiterado que se posiciona políticamente con el PP”. Es inútil perder el tiempo. Ellos saben que mienten, y a los suyos les vale así.

Podemos ha encontrado, en el procés, el combustible para volver a hacer carburar sus planes cada vez más gripados. Tras la trayectoria excitante desde las elecciones europeas de 2014 a las generales de 2016 sin sorpasso, la perspectiva de alcanzar sus objetivos en las urnas ha continuado desfalleciendo. De ahí su apuesta en Cataluña. Tiene sentido: si tu objetivo pasa por desacreditar el Régimen del 78, el procés es una oportunidad de oro. El 155 efectivamente puede ser el final del statu quo de los consensos del 78. Por eso se han lanzado a proclamar ese mensaje. En Podemos no sólo especulan con un Govern junto a ERC, sobre todo han entendido las oportunidades en este río revuelto. Y el fin justifica los medios., como dicta el leninismo elemental. Ellos no ocultan su objetivo, y de ahí su contribución decidida al nacionalpopulismo. No son idiotas. Los estudios de Yeling Yang o de Nobuhito Abe ya mostraban el alto nivel de conectividad cerebral en los mentirosos. Esto es una estrategia calculada que va más allá de mantras sectarios.

En cualquier partido se miente, va de suyo. Todos. La mentira no tiene color político. De Podemos lo que sorprende en este caso es la escala y el pragmatismo frío. Han cruzado todas las líneas rojas, incluso hasta socavar el Estado de Derecho. “La unidad de España no se puede construir a golpe de porra” (Iglesias). “Estrategia autoritaria con la complicidad de PSOE y Cs” (Montero). Todo vale, incluso Espinar advirtiendo “muchísimo cuidado con quien pacta el PSOE, que los que han fusilado nacionalistas en la historia de este país, nos han fusilado a los progresistas también”. Ayer trazaron un nuevo eje del mal: Bloque monárquico vs. España democrática. Este es el nuevo mantra. Apropiarse de la democracia frente a ese ‘bloque monárquico’ autoritario. En efecto, cualquier ciudadano sensato, con información básica y un mínimo desapasionamiento, debería refutar una campaña tan burda. Pero hay millones de almas que, como en aquel estudio de Swire-Thompson con Trump, van a creer a los líderes de Podemos sólo por ser sus líderes.

ElPaís

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