Tecnología

Trump intenta hacer las paces con los capitanes de Silicon Valley

DONALD TRUMP PUEDE haber acabado de conocer a Kanye West, pero los ejecutivos de tecnología que se reunieron con el presidente electo hoy puede eclipsar incluso el Sr. Kim Kardashian con el poder de las estrellas colectiva pura. La torpeza también puede funcionar igual de grueso.

La lista confirmada de asistentes incluye la mayor parte de los principales líderes de la industria tecnológica (que también se lee como un quién es quién de las personas que son casi con toda seguridad más rica que Trump)a ella asistieron: Elon Musk, el jefe del fabricante de coches eléctricos Tesla y de los cohetes de Space X; Larry Page y Eric Schmidt, los patrones de Google; Tim Cook, de Apple; Satya Nadella, de Microsoft; Jeff Bezos, de Amazon; Sheryl Sandberg, de Facebook, Safra Catz, de Oracle; Brian Krzanich, de Intel, Chuck Ribbons, de Cisco; y Ginni Rometty, de IBM. El día anterior, el presidente-electo recibió al fundador de Microsoft, Bill Gates. Todos, partícipes involuntarios del show que Trump ha escenificado durante el periodo de transición presidencial, el desfile constante de artistas, políticos (amigos y enemigos) y empresarios por la Torre Trump.

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El fundador de Amazon, Jeff Bezos, a su salida de la torre Trump, este martes en Nueva York (EE

Silicon Valley intenta hacer las paces con el presidente electo de Estados Unidos. En la campaña, Donald Trump convirtió a la industria tecnológica en la diana de sus dardos verbales. En Silicon Valley, motor de la innovación global, el republicano era persona non grata. El presidente electo recibió a los jefes de Facebook, Google y Amazon, entre otros, en la Torre Trump de Manhattan, un primer contacto con un sector clave en la economía estadounidense.

Para Trump, obligar a desplazarse a los capitanes de Silicon Valley, los que le criticaron, y que en su mayoría votaron y financiaron a la demócrata Hillary Clinton, a su residencia en Nueva York es una exhibición del poder que ostenta tras las elecciones del 8 de noviembre. También es una necesidad. Sus vagos planes para la economía incluyen la creación de empleos industriales en EE UU, tarea para la que ha requerido la cooperación de empresas como Apple. Y si pone en práctica algunas promesas suyas en política de inmigración, o si sus instintos más autoritarios acaban imponiéndose cuando llegue a la Casa Blanca, puede entrar en colisión con las empresas de tecnología.

 Uno de los pocos prohombres del sector que apoyaron a Trump fue Peter Thiel, fundador de PayPal, inversor de primera hora en Facebook y excéntrico con ideas inspiradas en la novelista ultracapitalista Ayn Rand.

“No hay nadie como la gente reunida en esta sala, y cualquier cosa que podamos hacer para ayudar a que esto vaya bien, lo haremos”, dijo Trump, que estaba acompañado de los tres hijos de su primer matrimonio: Ivanka, Don Jr. y Eric.

En la campaña, Trump llamó a boicotear a Apple para forzarla a permitir al FBI el acceso a los sistemas internos del teléfono iPhone por un caso de terrorismo. También la atacó por fabricar sus teléfonos y ordenadores en países asiáticos donde la producción es más barata. “Conseguiremos que Apple construya sus malditos ordenadores y cosas en este país en vez de en otros”, dijo.

Amazon también fue objeto de las iras del candidato. Descontento con las informaciones sobre él que publicaba The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, fundador de Amazon, llegó a amenazarle con represalias. “Usa The Washington Post para que los políticos en Washington no pongan a Amazon los impuestos que deberían ponerle”, afirmó.

Contra los asiáticos

A la hora de defender a los trabajadores autóctonos, Trump también cargó en campaña contra los visados H1-B, que permiten a las empresas tecnológicas traer a especialistas del extranjero. Su consejero áulico, Steve Bannon, hizo en el pasado, antes de incorporarse al equipo de Trump, declaraciones que se interpretaron como hostiles a los asiáticos. “Cuando dos tercios, o tres cuartos de los presidentes ejecutivos en Silicon Valley son del sureste asiático o de Asia, pienso que… Un país es más que una economía. Es una sociedad cívica”, dijo.

Ahora Trump quiere usar la prometida rebaja de impuestos a las empresas para persuadir a Apple de que empiece a fabricar en EE UU. Al mismo tiempo, la promesa de aumentar los aranceles a los productos chinos golpearía muchos de los aparatos que fabrica la empresa de Cupertino.

A las empresas de Silicon Valley les gusta proyectar una imagen de diversidad y tolerancia que concuerda mal con la retórica xenófoba de Trump, un magnate adicto a la red social Twitter pero ajeno al mundo de la innovación y la tecnología. Tendrán que adaptarse a la nueva realidad, y el encuentro en Manhattan fue el primer capítulo en este esfuerzo.

Nadie, ni siquiera los hombres y las mujeres que imaginan y desarrollan el futuro tecnológico de la humanidad, desea verse señalado por el presidente electo, como les ha ocurrido en los últimos días a Boeing o Lockheed Martin.

 

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